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15/03/2011


 

 

Infoapdha, 16 de marzo de 2011 ………………………. 10.469 suscriptores

 

La compleja y dramática situación Libia sigue preocupándonos en medio de amenazas de intervención militar. Sobre todo cuando la reacción se extiende al otro polo del conflicto: en Bahréin acaban de entrar las tropas saudíes. Mientras, un barco con 1800 personas que huyen de Libia no encuentra cobijo y se acaba de saber la desaparición de 35 personas que se dirigían a Italia en una barcaza.

Pero no podemos hoy de dejar de tener al menos un recuerdo para las víctimas del terremoto y tsunami en Japón que se está viendo agravado por la suicida política de proliferación energética nuclear japonesa. Es hora, con más razón que nunca, de oponerse a la energía nuclear con toda claridad y contundencia.

 

SUMARIO

La APDHA rechaza la intervención militar en Libia y la saudí en Bahréin.-

Migreurop: Llamamiento a una intervención solidaria en el Mediterráneo.-

Cinco causas de la insurrección árabe. Ignacio Ramonet.-

Ser negro en Libia. Mama Diédhiou (ASIE).-

APDHA reclama en El Puerto de Santa María la retirada de la ordenanza de la convivencia.-

Propuestas.-

 

 

 

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía rechaza una posible intervención militar de la OTAN en Libia así como la intervención saudí en Bahréin.-

15-03-2011

 

La asociación recuerda a la UE el fracaso de las invasiones neocoloniales de Afganistán e Irak y la doble moral de su real politik en los países africanos gobernados por dictadores.

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía quiere expresar su oposición a una posible intervención militar de la OTAN en Libia. No podemos olvidar las experiencias de Afganistán e Irak y tantas otras, donde la invasión e intervención militar en realidad han estado animadas por intereses y motivaciones estratégico petrolíferas, provocando al fin y al cabo mucho más daño del que teóricamente pretendían resolver.

La APDHA reitera su condena de las dictaduras de los países árabes. Mostramos nuestra repulsa por la sangrienta represión de las revueltas actuales, que en el caso de Libia han tomado el trágico camino de una guerra civil, y también condenamos las numerosas violaciones de derechos humanos de estas dictaduras. Asimismo manifestamos nuestra repulsa más contundente a la intervención saudí en Bahréin que se está produciendo en estos momentos.

Mientras parecían ser gobiernos estables y colaboradores de las políticas de las principales potencias, la Unión Europea y la llamada Comunidad Internacional les proporcionaban de forma vergonzosa todo tipo de armamento. Entre otras razones para garantizar el control de crudo y para forzar, como en el caso de Libia, su conversión en uno de los gendarmes de las políticas de externalización de la inmigración y del asilo de la Unión Europea. Un armamento que ahora se está usando contra el propio pueblo libio.

Pese a ello, no estamos a favor de una nueva ocupación militar, sea de la nacionalidad que sea, en otro país árabe rico en petróleo y gas. La explotación de sus recursos energéticos y el modelo insostenible de consumo de Occidente no pueden ampararse en la barbarie. En este sentido reclamamos a los países europeos que no apoyen el uso de la fuerza en este país, (defendidos con el hipócrita eufemismo "de ataques aéreos selectivos"), ya que supondría una escalada militar, el apoyo militar tácito de fuerzas extranjeras a los grupos combatientes y un factor de radicalización del conflicto.

La Unión Europea ha vuelto a demostrar su inoperatividad, parálisis y doble moral. Sus gobernantes han vuelto a traicionar la defensa de los pilares democráticos más elementales que animaron la construcción europea. El conflicto libio, y las revueltas de Túnez y Egipto, principalmente, han desnudado de forma vergonzosa la fachada europea, cómplice hasta el último minuto de graves violaciones de los derechos humanos en los países árabes. Los gendarmes norteafricanos de Europa se fugan abrumados por sus pueblos o prometen morir matando y Europa, tarde y mal, no sale de su asombro. La Unión se limita a emitir ambiguas y escuetas declaraciones y estudiar posibles acciones militares encabezadas por Estados Unidos en pleno Mediterráneo.

Desde la Asociación Pro Derechos Humanos pedimos a la UE una acción decidida de condena de la intervención de Arabia Saudí en Bahréin, y en el caso de Libia acciones decididas y contundentes de condena hacia las violaciones de derechos humanos que se están produciendo que harían necesaria, en todo caso, una intervención solidaria y pacífica. Entre ellas nos parece de particular importancia poner en marcha el dispositivo aprobado en 2001 por la UE, denominado "protección temporal" a los nacionales de los Estados que, víctimas de una catástrofe natural, de revueltas políticas en su país o de conflictos armados, tuvieran necesidad urgente de encontrar refugio en Europa. ¡Sin embargo la UE, por el contrario, por medio de Frontex envía patrullas a sus fronteras marítimas para evitar que potenciales refugiados, asimilados a inmigrantes clandestinos, crucen el Mediterráneo!

Hacemos un llamamiento solemne a todos los gobiernos europeos, a las instancias de la UE, a todos los partidos políticos a que se adopten, en concertación con los socios de todo el Mediterráneo, las medidas que se necesitan con urgencia, como hemos enunciado los colectivos sociales que componemos la Red Migreurop:

• Proporcionar aviones para permitir la repatriación no sólo de los nacionales de los países europeos, sino de todos aquellos que pueden y quieren regresar a su país, como los egipcios que se encuentran actualmente en Túnez;

• Permitir la evacuación por aire o por mar, a partir del territorio libio que ya no está en manos de Gadafi, de los extranjeros bloqueados en Libia, cuyos gobiernos son incapaces de evacuar;

• Prever la acogida, en territorio europeo, de los refugiados que no pueden regresar a su país;

• Poner en práctica sin demora el dispositivo que permita conceder la protección temporal a todos los que, en la situación de emergencia en que nos encontramos, puedan legítimamente ser acreedores de la misma;

• Detener las patrullas de Frontex que impiden la llegada de refugiados por mar.

Del mismo modo llamamos a la sociedad civil a aumentar la movilización y la solidaridad con las revueltas árabes de la dignidad que se extienden desde el Golfo al Magreb y el apoyo a su lucha por la libertad, la democracia y los derechos humanos.

 

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Migreurop: Llamamiento a una intervención solidaria de la UE en el Mediterráneo.-

4 de marzo 2011

 

Al tiempo que grandes cambios políticos, anunciando el fin de regímenes autoritarios, se están produciendo al sur del Mediterráneo, los gobiernos e instancias de la Unión Europea se muestran preocupados sobre todo por protegerse contra los "flujos migratorios incontrolables" que podría ocasionar estos cambios. Los expertos y los servicios diplomáticos, que no han previsto en absoluto los movimientos políticos en curso, no dudan en afirmar hoy que miles de migrantes están a punto de llegar a territorio europeo.

La UE adoptó en 2001 un dispositivo denominado "protección temporal" a los nacionales de los Estados que, víctimas de una catástrofe natural, de revueltas políticas en su país o de conflictos armados, tuvieran necesidad urgente de encontrar refugio en Europa. Pero "en el momento actual, no hay flujo de refugiados procedentes de Libia”, se apresuró a indicar la Comisión Europea. ¡Al mismo tiempo, envía patrullas a sus fronteras marítimas, por medio de Frontex, para evitar que potenciales refugiados, asimilados a inmigrantes clandestinos, crucen el Mediterráneo!

Mientras tanto, la situación empeora día a día en Libia y en sus fronteras. En Túnez, a donde llegan decenas de miles de refugiados, el dispositivo está saturado, a pesar de los esfuerzos desplegados por las autoridades locales. Europa no puede seguir aparentando que no le incumbe la suerte de decenas o centenares de miles de personas que necesitan protección en los países que actualmente protagonizan revueltas, ni la de migrantes, provenientes de diversos países árabes, africanos, asiáticos, que viven allí.

No hace tanto que Europa se jactaba de implementar "una política euro-mediterránea". ¿Esta ambición estalló, justo en el momento en que varias de las naciones potencialmente socias de esta región "Euro-Mediterránea" se están convirtiendo en democracias?

Hacemos un llamamiento solemne a todos los gobiernos europeos, a las instancias de la UE, a todos los partidos políticos a que se adopten, en concertación con los socios de todo el Mediterráneo, las medidas que se necesitan con urgencia:

- Proporcionar aviones para permitir la repatriación no sólo de los nacionales de los países europeos, sino de todos aquellos que pueden y quieren regresar a su país, como los egipcios que se encuentran actualmente en Túnez;

- Permitir la evacuación por aire o por mar, a partir del territorio libio que ya no está en manos de Gadafi, de los extranjeros bloqueados en Libia, cuyos gobiernos son incapaces de evacuar;

- Prever la acogida, en territorio europeo, de los refugiados que no pueden regresar a su país;

- Poner en práctica sin demora el dispositivo que permita conceder la protección temporal a todos los que, en la situación de emergencia en que nos encontramos, puedan legítimamente ser acreedores de la misma;

- Detener las patrullas de Frontex que impiden la llegada de refugiados por mar;

Hay que dejar de alimentar el miedo de la población europea agitando de manera sistemática el espectro de la "invasión". Hay que dejar de considerar una prioridad el evitar la emigración que proviene de los territorios afectados por las revueltas.

Rechazamos este egoísmo criminal. Queremos una Europa solidaria y acogedora.

 

Junto a las organizaciones de la Red Migreurop en España (Andalucía Acoge, Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), Comisión Española de Ayuda al Refugiado, Federación estatal de SOS Racismo) este comunicado ha sido suscrito por casi cien organizaciones a nivel europeo

 

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Cinco causas de la insurrección árabe.-

Ignacio Ramonet - Le Monde Diplomatique - Marzo 2011

 

¿Cuáles son las causas del vendaval de libertad que, de Marruecos a  Bahréin, pasando por Túnez, Libia y Egipto, sopla sobre el mundo árabe? ¿Por qué motivos estas simultáneas ansias de democracia se expresan precisamente ahora?

A estas dos preguntas, las respuestas son de diversa índole: histórica, política, económica, climática y social.

 

1. Histórica. Desde el final de la Primera Guerra Mundial y la implosion del Imperio otomano, el interés de las potencias occidentales por el mundo árabe (Oriente Próximo y África del Norte) ha tenido dos principales incentivos: controlar los hidrocarburos y garantizar un hogar nacional judío. Después de la Segunda Guerra Mundial y del traumatismo universal del Holocausto, la creación del Estado de Israel, en 1948, tuvo como contrapartida la llegada al poder, en varios Estados árabes liberados del colonialismo, de fuerzas antisionistas (opuestas a la existencia de Israel): de tipo “militar nacionalista” en Egipto y Yemen, o de carácter “socialista árabe” en Irak, Siria, Libia y Argelia.

Tres guerras perdidas contra Israel (en 1956, 1967 y 1973) condujeron a Egipto y a Jordania a firmar tratados de paz con el Estado judío y a alinearse con Estados Unidos que ya controlaba –en el marco de la Guerra Fría– todas las petromonarquías de la península Arábiga así como el Líbano, Túnez y Marruecos. De este modo, Washington y sus aliados occidentales mantenían sus dos objetivos prioritarios: el control del petróleo y la seguridad de Israel. A cambio, protegían la permanencia de feroces tiranos (Hasán II, el general Mubarak, el general Ben Alí, los reyes saudíes Faisal, Fahd y Abdalá, etc.) y sacrificaban cualquier aspiración democrática de las sociedades.

 

2. Política. En los Estados del pretendido “socialismo árabe” (Irak, Siria, Libia y Argelia), bajo los cómodos pretextos de la “lucha antiimperialista” y de la “caza de comunistas”, también se establecieron dictaduras de partido único, gobernadas con mano de hierro por déspotas de antología (Sadam Hussein, Al Assad padre e hijo, y Muamar al Gadafi, el más demencial de ellos). Dictaduras que garantizaban, por lo demás, el aprovisionamiento en hidrocarburos de las potencias occidentales y que no amenazaban realmente a Israel (cuando Irak pareció hacerlo fue destruido). De ese modo, sobre los ciudadanos árabes, cayó una losa de silencio y de terror.

Las olas de democratización se sucedían en el resto del mundo. Desaparecieron, en los años 1970, las dictaduras en Portugal, España y Grecia. En 1983, en Turquía. Tras la caída del muro del Berlín, en 1989, se derrumbó la Unión Soviética así como el “socialismo real” de Europa del Este. En América Latina cayeron las dictaduras militares en los años 1990. Mientras tanto, a escasos kilómetros de la Unión Europea, con la complicidad de las potencias occidentales (entre ellas España), el mundo árabe seguía en estado de glaciación autocrática.

Al no permitirse ninguna forma de expresión crítica, la protesta se localizó en el único lugar de reunión no prohibido: la mezquita. Y en torno al único libro no censurable: el Corán. Así se fueron fortaleciendo los islamismos. El más reaccionario fue difundido por Arabia Saudí con el decidido apoyo de Washington que veía en él un argumento para mantener a los pueblos árabes en la “sumisión” (significado de la palabra ‘islam’). Pero también surgió, sobre todo después de la “revolución islámica” de 1979 en Irán, el islamismo político que halló en los versos del Corán argumentos para reclamar justicia social y denunciar la corrupción, el nepotismo y la tiranía.

 

De ahí nacieron varias ramas más radicales, dispuestas a conquistar el poder por la violencia y la “Guerra Santa”. Así se engendró Al Qaeda...

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las potencias occidentales, con la complicidad de las “dictaduras amigas”, añadieron un nuevo motivo para mantener bajo férreo control a las sociedades árabes: el miedo al islamismo. En vez de entender que éste era la consecuencia de la carencia de libertad y de la ausencia de justicia social, agregaron más injusticia, más despotismo, más represión...

 

3. Económica. Varios Estados árabes padecieron las repercusiones de la crisis global iniciada en 2008. Muchos trabajadores de estos países, emigrados en Europa, perdieron su trabajo. El volumen de las remesas de dinero enviadas a sus familias disminuyó. La industria turística se marchitó. Los precios de los hidrocarburos (en aumento estas últimas semanas a causa de la insurrección popular en Libia) se depreciaron. Simultáneamente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) impuso, a Túnez, Egipto y Libia, programas de privatización de los servicios públicos, reducciones drásticas de los presupuestos del Estado, disminución del número de funcionarios... Unos severos planes de ajuste que empeoraron, si cabe, la vida de los pobres y sobre todo amenazaron con socavar la situación de las clases medias urbanas (las que tienen precisamente acceso al ordenador, al móvil y a las redes sociales)  arrojándolas a la pobreza.

 

4. Climática. En este contexto, ya de por sí explosivo, se produjo, el verano pasado, un desastre ecológico en una región alejada del mundo árabe. Pero el planeta es uno. Durante semanas, Rusia, uno de los principales exportadores de cereales del mundo, conoció la peor ola de calor y de incendios de su historia. Un tercio de su cosecha de trigo fue destruida. Moscú suspendió la exportación de cereales (que sirven también para nutrir al ganado) cuyos precios inmediatamente subieron un 45%. Ese aumento repercutió en los alimentos: pan, carne, leche, pollo... Provocando, a partir de diciembre de 2010, el mayor incremento de precios alimentarios desde 1990. En el mundo árabe, una de las principales regiones importadoras de esos productos, las protestas contra la carestía de la vida se multiplicaron...

 

5. Social. Añádase a lo precedente: una población muy joven y unos monumentales niveles de paro. Una imposibilidad de emigrar porque Europa ha blindado sus fronteras y establecido descaradamente acuerdos para que las autocracias árabes se encarguen del trabajo sucio de contener a los emigrantes clandestinos. Un acaparamiento de los mejores puestos por las camarillas de las dictaduras más arcaicas del planeta...

Faltaba una chispa para encender la pradera. Hubo dos. Ambas en Tunez. Primero, el 17 de diciembre, la auto-inmolación por fuego de Mohamed Buazizi, un vendedor ambulante de fruta, como signo de condena de la tiranía. Y segundo, repercutidas por los teléfonos móviles, las redes sociales (Facebook, Twitter), el correo electrónico y el canal Al-Yazeera, las revelaciones de WikiLeaks sobre la realidad concreta del desvergonzado sistema mafioso establecido por el clan Ben Alí-Trabelsí.

 

El papel de las redes sociales ha resultado fundamental. Han permitido franquear el muro del miedo: saber de antemano que decenas de miles de personas van a manifestarse un día D y a una hora H es una garantía de que uno no protestará aislado exponiéndose en solitario a la represión del sistema. El éxito tunecino de esta estrategia del enjambre iba a convulsionar a todo el mundo árabe.

 

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Ser negro en Libia.-

Mama Diédhiou, de la Asociación de Inmigrantes Senegaleses en España (AISE) y la Asamblea de Cooperación por la Paz - África, Fundación Sur

 

Desde hace varias semanas, el mundo entero tiene los ojos puestos en las revueltas que se están sucediendo en el Maghreb y en los países árabes en general, asistiendo con asombro y admiración al despertar de una juventud harta de vivir sin perspectivas de futuro, sin libertad, frustrados sus anhelos más básicos de desarrollo personal.

En estos momentos, Libia centra toda nuestra atención por la contundente y violenta respuesta de Gadafi a las manifestaciones. Respuesta que ha originado una huída masiva de decenas de miles personas extranjeras que vivían y trabajaban en el país. A los pocos días de iniciarse las revueltas presenciamos, a través de los medios de comunicación, el éxodo masivo de los extranjeros a través del aeropuerto de Trípoli y de las fronteras con Túnez y Egipto. Vimos cómo las poderosas naciones del norte se movilizaban para sacar a sus conciudadanos de Libia, algunas, como Inglaterra, hicieron aterrizar sus aviones dentro del territorio libio para sacarlos de allí. Enseguida me llamó la atención la ausencia de negros entre los que llegaban a las fronteras, porque sé que hay miles de ellos viviendo en Libia pero, sobre todo, porque sé que vivían peligrosamente en este país, sin protección de ningún tipo, al capricho de cualquier libio al que se le antojara divertirse a su costa o descargar sobre ellos toda su mala leche. Así que empecé a buscar información, preguntando a todo el mundo si había leído o visto algo sobre los negros en Libia.

Estos días se han publicado artículos donde la ONU, la Iglesia o alguna ONG manifiestan su inquietud por lo que les pueda pasar, también escuchamos llamamientos pidiendo que no se les impida cruzar las fronteras de Túnez y de Egipto. Les vimos del lado libio de la frontera, separados por una valla del resto de refugiados, sin poder tener acceso a la ayuda humanitaria y ponerse a salvo de la violencia. Cuando su grito se hizo clamor, los militares de Gadafi desplazaron la valla unos metros más atrás, ocultándolos del alcance de las cámaras, silenciando sus voces. Sabemos, siempre por testimonios recogidos por los medios de comunicación, que algunos han sido asesinados, y sabemos también que muchos no se atreven a salir a la calle por miedo a ser acusados de mercenarios. Hace unos días la APS (Agencia de Prensa de Senegal) publicaba una noticia según la cual se había recibido una llamada de una persona informando que formaba parte de un grupo de 24 senegaleses encerrados en una habitación, ya sin provisiones y casi sin agua pero temerosos de salir a la calle a por más. Hemos visto a un hombre negro explicar que, en su huida de Libia, ha enterrado en el desierto a su hija de 6 meses, muerta de frío.

Nunca he estado en Libia, pero un primo hermano mío lleva viviendo allí más de 20 años y, sobre todo, tengo un hermano que vivió allí algo más de dos años. Afortunadamente, pudo abandonar el país hace tiempo. Después ha vivido en España, ahora en Suiza, pero no se ha quitado de la cabeza su estancia en aquel país.

Mi hermano, junto con centenares de jóvenes, tuvo que ser rescatado de Libia por “en un avión tripulado por asiáticos” en el año 2000, a raíz de unos ataques racistas de grupos libios hacia los africanos. Digo africanos porque a pesar de que Libia está en África, según mi hermano, a los negros les llamaban “africanos”. No me sorprendió mucho esta revelación porque, años atrás, siendo yo estudiante de Letras en la Universidad de Dakar, participé en un festival de teatro estudiantil en Casablanca, junto con estudiantes de muchos otros países de Europa y América Latina. Los estudiantes marroquíes con los que establecimos amistad nos preguntaban con toda amabilidad: qué tal África. A lo cual, no sin cierta perplejidad, respondíamos que bien, gracias. Cuando, a la vuelta de aquel viaje maravilloso –si obviamos el racismo que sufrimos, por ejemplo, en las ocasiones que no nos dejaban entrar en alguna tienda; o cuando en algún autobús, cualquiera hacía comentarios despectivos en árabe sobre nosotros, comentarios que, indefectiblemente, otra persona le reprochaba enérgicamente—, le comenté a un primo mío la experiencia de aquellos estudiantes que preguntaban genuinamente por África, comentó: No me extraña que en algunas revistas afroamericanas dibujen el mapa de África sin los países del Maghreb ni Mauritania.

Cuando mi hermano regresó a Senegal después de su estancia en Libia, él y un amigo nos contaron tal cantidad de aberraciones que al principio me costaba creerlos. No me entraba en la cabeza que aquellas cosas estuvieran ocurriendo tan cerca y que nadie lo difundiera en ningún medio de comunicación. Algo que reiteraban era que, en Libia, siendo un africano, nunca podías saber por dónde y por qué te llovían los golpes. Había policías y milicias por todos lados. Decía mi hermano que de tres personas charlando en una esquina, al menos dos, lo eran. Y no importaba lo que hicieras, te podían pegar por todo, desde hacer footing por la calle, llevar un gorro de baseball, usar los cascos del discman o hablar con un occidental. Y, por supuesto, te podían matar si hablabas con una mujer Libia. Había que evitarlas a toda costa. Y eso que a veces, mientras caminabas por la calle, te llamaban desde detrás de la cortina de la ventana de sus casas. De pronto oías una voz susurrando: Africano, africano, ven. Y una mano insinuante intentaba atraerte al interior de la casa.

También podía sucederte, por negro, que un grupo de hombres con uniforme apareciese en tu casa, a cualquier hora del día o de la noche, la registraran en busca de cualquiera sabía qué, y se llevaran lo que quisieran después de propinarte golpes y patadas. Lo peor es cuando irrumpen en casa de una familia, decía mi hermano, un hombre solo puede aguantar muchas cosas, pero delante de tus hijos… Él no podía entender que un negro formase una familia en Libia.

Contaba también mi hermano que de las docenas de africanos que conocía, se podía contar con los dedos de las manos los que tenían algún tipo de permiso de trabajo. Los demás circulaban con su pasaporte y un documento que el jefe del barrio, normalmente alguien de la etnia de Gadafi, te firmaba. En el barrio donde vivía mi hermano, el que firmaba el documento, el que daba permisos para todo (es decir, para absolutamente todo), era un señor al que llamaban El general. Y como no tenían papeles, no podían abrir una cuenta bancaria, o coger un avión para salir del país. No sabe si tenían o no derecho a asistencia sanitaria pero, por si acaso, tenían un chico africano, estudiante de medicina, que les servía de médico. Cuando cobraban su salario guardaban el dinero en el forro de la ropa o en cualquier otro escondite que se les ocurriera. No podían faltar al trabajo por muy enfermos que estuvieran, porque el jefe libio, o un enviado suyo, podía irrumpir en tu casa con una kalachnikov. Allí todo el mundo tenía una kalach, me decía mi hermano.

Una vez estuvo durante una semana intentando coger un vuelo desde Sabha a Trípoli. Tenía que huir de Sabha: trabajaba en un taller, reparó el coche del único amigo libio que tenía, tiempo después le pidió el pago del arreglo y su amigo libio amenazó con matarlo; se presentó en su casa con el kalachnikov. Afortunadamente, ya no se encontraba allí, había huido al aeropuerto y comprado un billete para Trípoli. Pero cada vez que se encontraba dentro del avión, a punto de abandonar Sabha, venía alguien y le ordenaba bajar y ceder su asiento a un libio que acababa de llegar. ¡Una semana intentando abandonar Sabha! Al final tuvo que viajar por carretera, minada de controles. Sabía que haciendo el trayecto en coche le podía pasar cualquier cosa, que le castigaran, que le quitaran el dinero, que se quedaran con su pasaporte o que le metieran en la cárcel sin motivo, con cualquier excusa, como le había pasado a otros muchos negros, pero tenía que huir como fuera.

A pesar de ser, también, inmigrante, de entender perfectamente a los que arriesgan sus vidas para encontrar un futuro mejor, yo no podía evitar preguntarles por qué, por qué habían permanecido en aquel país. Encontraban trabajo nada más llegar, me decían. Enseguida podían empezar a ahorrar para intentar seguir hacia Europa y se quedaban esperando la oportunidad de embarcar hacia Italia. Por cierto, un arma de presión y chantaje habitual de Gadafi en cualquier conflicto con los gobiernos europeos, a quienes ha llegado a amenazar con soltar “este flujo de africanos hambrientos y analfabetos” (para que lleguen a sus costas, se entiende). Pero lo más duro, según mi hermano, era no poder enviar dinero a sus familias. Eso también estaba prohibido. Y sin embargo se las ingeniaban para hacerlo, aunque tuvieran que llevarlo en persona. Si se trataba de alguien con papeles, normalmente se arriesgaba a salir del país a través de Túnez, con el dinero bien escondido; si, por el contrario, se trataba de alguien sin papeles, cogía un camión que salía por la frontera con Níger, ilegalmente –un par de semanas de viaje—; es decir, salía ilegalmente para, más tarde, tener que regresar, de nuevo, ilegalmente. Una vez en Níger comían algo decente, se duchaban, se cambiaban de ropa e iniciaban oficialmente el camino a casa. Eso si no caían en manos de los rebeldes Tuareg; entonces lo perdían todo y regresaban a Libia con las manos vacías. Mi hermano lo resumía así: ¿Alguien se va y al cabo de un mes está de vuelta? Ni siquiera hacía falta preguntarle qué había ocurrido.

Mi hermano emigró a Libia a través de la frontera con Níger. En su caso, los Tuareg lo atraparon a la ida. Se quedaron con su pasaporte y le obligaron a construir, junto con otros jóvenes, una vivienda. No los soltaron hasta que terminaron. Llegó a Libia enfermo, sin zapatos y casi sin ropa. No podía ni ponerse en pie. Alguien llamó a casa de mis padres para informarles de que había llegado, que estaba enfermo pero que estaba mejorando.

Sin embargo, ha habido muchos africanos que no han continuado hacia Europa ni han regresado a casa, sino que han permanecido en Libia. A menudo esto se debe a que han podido ahorrar algún dinero y no han querido arriesgarse a perderlo después de haber aguantado tanto. Pero permanecer en el país significa, para los negros, cierto confinamiento. Una de las pocas cosas que mi hermano me contaba con una sonrisa estaba referida a las mujeres africanas en Libia. Apenas salían a la calle por miedo a los abusos. Se arreglaban, se ponían todas sus joyas encima –a mis paisanas les puede el oro- y se quedaban en casa a ver la tele. Mi hermano nunca había visto mujeres que supieran tantísimo de fútbol. Podías hablar con ellas de cualquier jugador. Daba igual qué campeonato de liga, el italiano, el inglés, el español, el francés, la Champions, el Europeo, el Mundial… ¡Estaban al tanto de todo!

Estos días, en España, los africanos estamos muy preocupados por lo que pueda estar ocurriendo en Libia. Pero, mi hermano, un poco más que todos nosotros: ¿Qué no les va a pasar ahora si en tiempos de paz ya les pasaba de todo?, dice.

Como africanos, muchos de nosotros hemos vibrado, y nos hemos emocionado, al ver cómo miles de personas han salido a la calle a sacudirse el yugo de la opresión, jugándoselo todo y venciendo el miedo, por fin. Todos les hemos tenido admiración y envidia, soñando con ver estas revueltas contagiarse a nuestros países. Pero, de pronto, el Magreb nos ha despertado de mala manera de nuestros sueños, nos ha vuelto a colocar y a redefinir con respecto a los revolucionarios árabes. Nos ha recordado que no estamos invitados al banquete de la libertad, de la dignidad y de los Derechos Humanos, al aprovechar la ocasión para asesinarnos en Libia, reclutarnos como mercenarios, discriminarnos en las fronteras, y un largo etcétera.

Muchos analistas indican que la razón por la que a los africanos se les está tratando de manera tan cruel en estas revueltas tiene que ver con la contratación de mercenarios africanos por parte de Gadafi, pero no. Decididamente, no. Me temo que ese análisis es parcial. La presencia de mercenarios en suelo libio y las barbaridades que puedan estar haciendo no deja de ser la excusa que legitima y razona la sinrazón de estos ataques racistas hacia los negros. El racismo no se ha desatado, como escriben algunos; el racismo, hace mucho, campa a sus anchas en el Magreb. Basta con hablar con cualquier africano que haya emigrado a Europa pasando por Argelia o Marruecos. Escucharíamos historias espeluznantes, que quizás no estamos ni preparados para escuchar.

¿Qué decir de los gobiernos africanos? Nada nuevo, ellos no rinden cuentas a sus ciudadanos. Además, sus prioridades siguen siendo otras, por ejemplo, preparar al hijo predilecto para la sucesión o ver la mejor manera de seguir escondiendo en Occidente el dinero robado. Tampoco hay que olvidar que Gadafi, desde hace unos años, se ha autoproclamado africano, viste con trajes africanos de los que se usan en el oste de África, se pone el mapa de África en la solapa, “invierte” dinero en los países de sus nuevos amigos, y ninguno está dispuesto a enemistarse con él, no vaya a ser que salga de esta. Él dice que todo va bien en Libia y ellos fingen creerlo.

Lo de mirar para otro lado cuando se trata de Gadafi no es nuevo, en el año 2000, durante los ataques racistas a los africanos, cuando les perseguían, entraban en sus casas y quemaban sus cosas amontonadas en la calle, el único político africano con suficiente decencia para alzar la voz entonces fue el Sr. Jerry Rawlings, el ex presidente de Ghana.

Una vez en Senegal, a los repatriados que se quejaban de los abusos a través de sus representantes, se les aconsejó lo siguiente: primero, mejor no armar tanto ruido como los cameruneses, para poder cobrar la indemnización de 1.000.000 de francos (1500 Euros) prometida por Gadafi; segundo, se enviará un emisario a Libia para que recabe información sobre lo que pasó. Cuando volvió el emisario dijo que todo lo que habían contado los repatriados era mentira, que en Libia le habían contado que estos chicos eran unos vagos y que se dedicaban a la delincuencia. Allí se acabó la historia, ni disculpas ni indemnización por los daños físicos, síquicos y materiales sufridos, y encima la humillación de verte tratado como mentiroso por el gobierno de tu propio país. En plenos ataques contra los africanos, el presidente envió a Libia a su hijo, pero no a rescatarlos, sino a abrir una embajada. Había que priorizar, supongo.

Lo he querido ocultar pero confieso: yo era pro-Gadafi, en 1987 o 1988 realizó una visita a Senegal. Eso ocurría pocos años después del bombardeo de EE.UU sobre Trípoli que mató a su hija pequeña, creo que tenía 4 años. Para mí y para miles de jóvenes africanos, Gadafi era el presidente con más dignidad de África, con permiso de Thomas Sankara. Nos parecería que tenía agallas y que no se dejaba doblegar por Occidente. Íbamos al instituto, pero de manera espontánea –o eso creo— miles de nosotros dejamos las aulas vacías y nos encaminamos hacia el aeropuerto a dar la bienvenida a Gadafi. Fue grandioso. Todos o casi todos los institutos de Dakar cerrados. Todavía le recuerdo pasando a mi lado, saludando, erguido y orgulloso. Nos pareció una buena manera de afrentar a todos aquellos presidentes africanos que nos inspiraban vergüenza por su sumisión a Occidente. Pensábamos que Gadafi era el redentor. Teníamos 17 años e internet no existía.

 

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APDHA-Bahía de Cádiz reclama al Ayto. del Puerto de Santa María la retirada de la ordenanza para la convivencia y anuncia un conjunto de acciones para manifestar su rechazo.-

 

El próximo sábado 19 de marzo, a partir de las 11,30 de la mañana en la C. Luna de El Puerto, vamos a realizar un acto de calle, bajo el lema “La calle para quien la disfruta y la trabaja” (habrá malabares, payasos, juegos para niños, alguna actuación). Este acto pretende poner de relieve nuestro rechazo a la Ordenanza Incívica aprobada por el Ayuntamiento con el objetivo teórico de fomentar la convivencia. Nada más lejos de la realidad, como argumentamos en este manifiesto que puede ser difundido y firmado.

Este miércoles a las 12,30 de la mañana serán presentadas las alegaciones jurídicas a las citadas ordenanzas que serán presentadas en el Ayuntamiento la próxima semana.

 

 

 

MANIFIESTO: ANTE LA ORDENANZA DE MEDIDAS PARA FOMENTAR Y GARANTIZAR LA CONVIVENCIA CIUDADANA EN EL ESPACIO PÚBLICO DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA, PROPUESTA POR EL AYUNTAMIENTO DE  ESTA CIUDAD

 

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, colectivos sociales y ciudadanas y ciudadanos que firmamos esta declaración, nos sentimos hondamente preocupados por la aprobación de las llamadas “Ordenanzas Municipales para fomentar y garantizar la convivencia ciudadana”, particularmente en lo que concierne a los colectivos en situación de riesgo de exclusión social.

Creemos en primer lugar que la ordenanza no responde a una demanda social concreta, sino que más bien sigue la tendencia de otras localidades (como Granada, Oviedo, Lugo, Barcelona…) y por tanto no atiende ni refleja la situación local de El Puerto y sus necesidades. De hecho muchas de las actividades que se abordan ya están reguladas por otras normativas a nivel estatal o autonómico sin que sea preciso volver sobre ellas localmente.

Pensamos asimismo, que en esta Ordenanza se obvian las causas de los problemas y, por el contrario se castiga, en ocasiones duramente, las consecuencias que tienen los mismos. O dicho de otra manera, en lugar de luchar contra las desigualdades sociales, penaliza a quienes más las padecen

Si de mejorar y fomentar la convivencia se tratase, pensamos que ello no se consigue en base a la imposición, multas, sanciones, detenciones… en suma mediante la represión o la persecución policial. De hecho las situaciones de exclusión social y los problemas que de ella se derivan, sólo pueden solucionarse acudiendo a medidas sociales, educativas, integrales y estructurales. Pero la ordenanza parte posiblemente de un concepto de convivencia que es sinónimo de perseguir, criminalizar e invisibilizar a quienes molestan.

No resulta extraño por ello la exhaustiva precisión de la Ordenanza en cuanto a prohibiciones y sanciones, que contrasta con la extremada ambigüedad en cuanto a las interpretaciones de los hechos que supuestamente trata de penalizar: las apariencias, actitudes o intenciones no son objetivas y son difícilmente enjuiciables. Y se meten en el mismo saco comportamientos que pueden ser considerados molestos, alegales o ilegales Las ordenanzas incluyen definiciones tan amplias que al final es el agente de la autoridad y su moral particular quien interpreta ese comportamiento y decide si es sancionable.

Querríamos señalar además que apreciamos una clara voluntad del control de las conductas en el espacio público, vulnerando derechos fundamentales como los de manifestación o de expresión. La limitación de libertades, prohibición de actividades, restricción del uso de los espacios públicos y represión de personas a las que aquí nos estamos refiriendo, sólo crean cortinas de humo sobre los problemas reales.

Si hemos de referirnos a un colectivo que resulta particularmente perseguido en estas ordenanzas es el de las prostitutas. Al igual que ha ocurrido en otras localidades donde ya se está aplicando este tipo de ordenanzas, como es el ejemplo de Granada, las personas que ejercen la prostitución han acabado desplazadas a las zonas del extrarradio de la ciudad, obligadas a esconderse o desplazarse, en cualquier caso a hacerse invisibles. Este proceso no resuelve la realidad de marginalidad y estigmatización pero sí que agrava de forma clara  su situación.

Acudir como se hace en la Ordenanza al recurso de informar o derivar a las personas que infrinjan la Ordenanza hacia los servicios sociales de emergencia, nos parece irreal cuando no directamente hipócrita. Porque, primero, no se especifican, en ningún caso, los recursos concretos a los que se refieren. Y porque, en segundo lugar, es de sobra conocido que los servicios de emergencia social existentes en la actualidad no bastan para una sociedad en la que una buena parte de sus miembros están viviendo ya en situaciones de exclusión o están al borde de la misma.

Esta Ordenanza supone que existen recursos para atender a todos sin especificar (ni siquiera esbozar) qué nuevos servicios se van a crear, qué dotación financiera y profesional se les va a otorgar, ni qué prestaciones específicas se ofrecerán a estos colectivos o personas en exclusión.

Los efectos inmediatos de la aprobación de esta Ordenanza de convivencia supondrían un aumento en la fractura social que ya sufre nuestra ciudad y un mayor rechazo de la ciudadanía en general hacia todos aquellos colectivos que se encuentran en situaciones más desfavorecidas. Promover que las personas que viven en El Puerto de Santa María confundan pobreza o exclusión con incivismo, y supervivencia con ilegalidad, sólo puede traer consecuencias negativas para esta “convivencia” supuestamente promulgada y pretendida por la Ordenanza.

Desde la defensa de la dignidad y los derechos de las personas, vemos imprescindible encontrar respuestas que no ahonden más las situaciones de exclusión social y vulnerabilidad que ya padecemos en la localidad. Y que por el contrario se consideren los intereses y derechos de “todas” las partes implicadas, apostando por la mediación y la negociación desde el respeto, la solidaridad y la igualdad.

 

Más información en Facebook:

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PROPUESTAS

 

Que

III Encuentro Otras Voces Feministas

Cuando

2 y 3 de abril

Donde

Madrid

Organiza

Corriente Otras Voces Feministas

Informarse

www.cmpa.es/otrasfeministas/

 

 

Qué

X Jornadas Derechos Humanos e Inmigración

Cuando

6 al 8 de abril

Dónde

Motril

Organizan

Jueces para la Democracia

UNED Motril

Informarse

www.facebook.com/pages/X-Jornadas-sobre-Derechos-Humanos-e-Inmigraci%C3%B3n/114850855193336

 

 

Qué

La revolución blanca

Cuando

Día 17 de marzo: Charla-Coloquio a cargo de Ashraf Ahmed Ali

20 de Marzo (12.00 h Alameda Vieja): Acto público de Solidaridad

Dónde

Jerez

Organiza

Plataforma jerezana por la revolución blanca

Informarse

http://redantimilitarista.wordpress.com/2011/03/11/firma-contra-la-posible-intervencion-militar-de-la-otan-en-libia/

 

 

Una Web

1 minuto por el Sahara

Informarse

www.minutosahara.org

 

 

Qué

XII Encuentro de Mujeres Andaluzas: Ciberfeminismo y educación

Donde

1 a 3 de abril

Dónde

Rincón de la Victoria (Málaga)

Organiza

USTEA Secretaría de la Mujer

Informarse

www.usteamujer.org

 

 

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