Derechos Humanos y Personas Sin Hogar

Otra colaboración con motivo del Día de los Derechos Humanos. En este caso de nuestro amigo Franciso González, militante de la HOAC y socio de Justicia y Paz. El acto central de esta semana de los Derechos Humanos que organizamos la APDHA es la manifestación del sábado día 13.

OLYMPUS DIGITAL CAMERADERECHOS HUMANOS Y PERSONAS SIN HOGAR. Francisco González Álvarez
Celebramos en 2014, sesenta y seis años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y, como es habitual, APDHA prepara esta efeméride con especial atención y compromiso, como comprobamos año tras año socios, personas y organizaciones colaboradoras de la Asociación. A lo largo de todo un curso se nos convoca a las diversas causas en las que APDHA está comprometida (inmigración, derecho al trabajo, defensa de las libertades, solidaridad con las mujeres porteadoras de la frontera de Ceuta, y todo un largo etcétera), que mantienen viva nuestras energías y provocan positivas sinergias, en boca de uno de sus socios, entre personas y colectivos que trabajamos sectorialmente en defensa del derecho de las personas.
Estos últimos cuatro años han sido verdaderamente intensos por la muerte en la calle de varias personas sin hogar, “nuestros vecinos de la calle”, como los llama Salvador Busquets. “Cuadernos CJ, 2007). Nombres como Antonio García, fallecido recientemente en la Plaza de Las Tortugas; Antonio “El Portugués”, al que encontraron muerto en la entrada de la sede abandonada de una entidad bancaria, Andrew, en la Plaza Asdrúbal, o el que un vecino mío reconoció como cadáver, en un banco de la parada de autobuses de la Plaza de España, en una noche fría de carnavales de 2012, y ante una cola extensa de personas en espera del autobús, que salieron corriendo cuando el hombre llamó a la policía apesadumbrado por lo que acababa de ver. Quizá, la indecisión y el miedo nos paraliza, al faltarnos en estos casos, un valor o principio que nos recuerda el texto definitivo de la proclamación de los Derechos humanos en 1948: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Libertad, igualdad y fraternidad se complementan, de tal manera que las unas sin las otras resultan incompletas y escasamente humanas porque no atienden íntegramente a la dignidad de la persona. Para acercarse a la persona caída se precisa cierta sensibilidad adquirida por unos ojos y un espíritu bien abiertos a las necesidades de los demás, nucleando, de esta forma, la fraternal acogida. Y desde ese estado de ánimo, es más fácil reconocer la igualdad y la libertad de todos los seres humanos, incluidos los inquilinos de la calle, como sujetos de derechos por el hecho de ser personas, dando igual el discurso por el que hayamos llegado a esta conclusión: derecho natural, contrato social, acuerdo de procedimiento democrático o enseñanzas sociales cristianas.
Dicho esto, faltaría a la verdad si no reconociera por medio de estas líneas, los considerables esfuerzos que personas voluntarias y asociaciones están llevando a cabo en los niveles de actuación de atención primaria en la misma calle, acogida en albergues y viviendas, ofreciendo alimentos y cama, y la inserción promoción de estas personas. También hemos de reconocer quienes nos hemos acercado a este cuarto mundo, aunque sea de pasada, lo difícil de la tarea que se viene realizando, por las características de las personas en exclusión, las profundas raíces de su situación: abandono familiar, salud mental, adicciones, desempleo, pobreza y tantas otras lacras, de las que saben mucho los especialistas, voluntarios y trabajadores a pie de obra.
No obstante, siendo muy importante y necesario todo el potencial y actuación de las asociaciones privadas, pensamos que no es suficiente: una última estadística de las recientes actuaciones de Cáritas lo demuestra. A pesar de que esta organización de la Iglesia dedicó más dinero que otros años a las personas sin hogar y de acogida, los recursos están siendo insuficientes porque cada vez hay más personas sin hogar, en torno a unos 130 en la capital gaditana. Esta realidad confirma la necesidad de una mayor y más cuidada implicación de las instituciones públicas, a todas luces insuficiente, que están obligadas por ley a redoblar sus esfuerzos económicos y sociales liderando todo el proceso de ayuda, acogida urgente o temporal, inserción e integración social de ciudadanos y ciudadanas en estado de extrema necesidad, que han de recibir toda la protección que necesiten porque son también, como el resto de la ciudadanía, sujetos de derechos no otorgados por el poder político sino inherentes a su condición de seres humanos, y además protegidos por las leyes fundamentales de este país. Sólo, si caminamos en la dirección correcta, podremos aspirar a vivir en una sociedad más justa e igualitaria, sin muertes en la calle para no tener que lamentar el fracaso colectivo que ellas suponen.

 

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