• 10 Diciembre ’20 #30Días30Derechos

Derechos humanos confinados

Artículo de Rafael Lara publicado en el Diario de Cádiz el 10 de diciembre de 2020.

“Héroes que no serían tan indispensables si se consiguiera cambiar este sistema injusto”

Se cumplen hoy 72 años desde que fuera aprobada por la ONU la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y la conmemoración se produce en un contexto bien diferente de las realizadas en años anteriores. Vivimos en medio de una pandemia originada por la Covid 19, que está causando miles de muertes, cuestionando muchas de las bases este sistema que nos presentaban como indiscutibles y más allá de ello ha tenido consecuencias devastadoras en lo que se refiere a la vulneración de los derechos humanos.

La primera lección es que este sistema político, económico y social construido sobre la codicia, las ganancias, el mercado y la privatización de todo, no puede abordar ninguna crisis de esta magnitud porque no tiene en cuenta las necesidades de las personas. El neoliberalismo feroz que inauguraron Reagan-Thatcher ha quedado desenmascarado y seriamente tocado.

Este mismo sistema basado en esos valores depredadores, no sólo no parece capaz de enfrentarse sino que por el contrario profundiza la grave emergencia climática y crisis medioambiental que padece el planeta, cuya urgencia ya casi nadie niega y que a veces se manifiesta de forma más o menos directa en pandemias como la que ahora sufrimos.

Se ha demostrado que no somos nada sin un sistema sanitario público fuerte. Pero ese sistema sufrió un progresivo desmantelamiento a manos de la picota privatizadora para favorecer el lucro indecente de unos pocos a costa de la salud de todos y todas. De tal forma que hemos visto en los momentos peores de la crisis su colapso e incapacidad por falta de medios y profesionales para afrontar la tremenda crisis sanitaria provocada por el coronavirus.

Estremece hasta el horror comprobar que han muerto más de 28.000 de nuestros ancianos infectados por el coronavirus en las residencias de mayores. El 21% en la comunidad de Madrid que ha llevado al extremo la práctica generalizada en todo el país de ceder la gestión a quienes sólo tenían un objetivo: maximizar su lucro obsceno abandonando a nuestros ancianos y ancianas. La crueldad con la que han sido tratados resulta insoportable.

Ello en medio de unos índices de pobreza devastadores, como ha destapado el último Informe AROPE de la EAPN: El 20,7 % de la población española, es decir, unos 9,7 millones de personas, están en riesgo de pobreza, cifra que alcanza en Andalucía el 31,3%. Y el 4,7% se encuentra en situación de Privación Material Severa un indicador de grave vulnerabilidad. Una cifra que en Andalucía es del 5,9% lo que supone aproximadamente medio millón de personas.

Concentración en Cádiz el 10 de diciembre de 2016

Con toda seguridad esas cifras se quedan cortas si hablamos de nuestra provincia y no reflejan todavía las consecuencias de la pandemia de la Covid. Consecuencias que están siendo más severas precisamente en esos sectores sociales que ya partíande una previa situación de vulnerabilidad, profundizando las situaciones de exclusión y marginalidad.

No es cierto que nadie se haya quedado atrás pese a medidas tan fundamentales como los ERTES o la puesta en marcha del Ingreso Mínimo Vital (que hasta ahora por desgracia sólo está demostrando su falta de ambición y su gestión burocrática engorrosa y excluyente).

Lamentablemente, hemos podido constatar lo que ya sabíamos, y es que, en esta como en todas las grandes crisis, siempre pierden los más débiles, los más humildes, los que tienen menos posibilidades de resistir.

Y, en medio de esta crisis sin precedentes, tenemos que asistir estupefactos al alimento de la confrontación y del discurso del odio por la derecha mas extrema que cuestiona la democracia y los derechos humanos.

Frente a esta actitud miserable son muchos y muchas ciudadanas las que se están volcando en paliar las situaciones más insostenibles, apoyando a los mayores casa por casa, recogiendo y protegiendo a las personas sin hogar, llevando lo necesario a las personas que ejercen la venta ambulante, recopilando y repartiendo alimentos…

Solidaridad imprescindible en todo momento, que nos honra como sociedad. Héroes a los que aplaudiremos siempre, pero que no serían tan indispensables si de una vez por todas consiguiéramos cambiar este sistema injusto y depredador para que todas las personas vieran respetados sus derechos y tuvieran lo mínimo indispensable para vivir con dignidad, con epidemia o sin ella.

 

 

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