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El poder invisible del Pueblo Gitano

Cuando somos niños soñamos con ser super héroes para tener super poderes. El poder de ser invisible es uno de los más deseados, porque nos protege del «enemigo» y nos permite ganar el juego. Sin embargo, este super poder puede ser muy nocivo para algunos de nosotros.

Hoy en día, hay muchos jóvenes de origen gitano que utilizan este super poder para poder alcanzar sus objetivos educativos o laborales. Por culpa del antigitanismo, no es fácil ser gitano. Es por eso que, a veces, algunos jóvenes prefieren invisibilizarse y alejarse de su cultura de origen. El hecho de que te señalen como gitano puede provocar situaciones de discriminación, vergüenza, inseguridad y desigualdad. De hecho, son muchos los bulos y los estereotipos sobre el pueblo gitano: «son unos vagos», «no hay que confiar en ellos», «no les gusta estudiar», «solo saben robar», «crean problemas» etc. Todos estos mitos acompañan los niños y las niñas gitanas ya desde el colegio, que, en teoría, debería ser un ambiente acogedor e igualitario.

Sin embargo, el antigitanismo, también, está presente en la escuela a través de la normalización del bajo rendimiento y del abandono precoz del sistema educativo por parte de los niños gitanos. Cuando un niño o niña gitana fracasa es normal; cuando no aprueba es porque no le gusta estudiar; cuando la lía es porque «los gitanos son así». Existe una distancia enorme y alarmante entre las aspiraciones de las niñas y niños gitanos y las expectativas del profesorado. Algunos y algunas profesoras no ofrecen el correcto acompañamiento en las etapas de transición educativa porque no detectan las reales aspiraciones del alumnado y porque dan por hecho que no van a seguir estudiando y además, el sistema educativo no reconoce su responsabilidad y, en muchas ocasiones, confunde el no querer con el no poder.

Si un gitano o una gitana tiene éxito escolar y profesional se trata de un caso aislado y «excepcional”.

«Siempre me decían: pues tu padre es payo, o tu madre, o alguien tienes que tener que sea familia paya. Siempre, nunca se lo creían, porque decían que era rubia con ojos azules y blanca y yo que sé. Y que por qué los gitanos no estudiaban, decían también.” [1]

Es difícil querer pertenecer a un grupo que nadie respeta, que nadie quiere y del cual nadie habla bien. Lo que puede pasar es que te de vergüenza decir «soy gitano» o «soy gitana». La presión del espejo social produce lo que los sociólogos llaman «huida étnica». La huida étnica, es lo que, el antropólogo, John Uzo Ogbu define como un proceso de camuflaje que incluye la adopción de pautas y estilos mayoritarios. Muchos jóvenes de origen migrante o que pertenecen a minorías étnicas, deciden alejarse de los valores de su comunidad de origen, de su lengua nativa, de sus tradiciones etc. En otras palabras, eligen cambiar su identidad de origen porque prefieren hacer parte del grupo autóctono, con el cual se interrelacionan. Sin embargo, esta actitud es fruto de la discriminación y de la desigualdad de oportunidades.

Según la «Encuesta sobre gitanos e itinerantes: Europa necesita romper el círculo vicioso de la pobreza y la discriminación contra los gitanos y los nómadas»(2020) de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea la etnia romaní es una de las minorías más discriminadas en Europa. Fueron entrevistadas 4.700 personas de la comunidad romaní en seis países europeos (Bélgica, Francia, Irlanda, Países Bajos, Suecia y Reino Unido): el 45%de los entrevistados se sintió discriminado en el año anterior.

El pasado diciembre, la Comisión Europea publicó un Eurobarómetro sobre la Discriminación al cual participaron 26.400 ciudadanos de los 27 estados miembros de la UE. El objetivo era definir cual colectivo es el más discriminado y, una vez más, el pueblo gitano «ganó» el primer puesto con el 65%. Siguen las discriminaciones por el color de la piel (61%), por el origen étnico (60%), por la identidad de género (57%) y por la orientación sexual (54%).

Sin dudas, el hecho de ser gitano o gitana requiere más esfuerzos para poder lograr el éxito educativo o profesional y esto lo sé, por cierto, porque lo he vivido en mi propia piel.

Yo, también, he tenido que usar el super poder de la invisibilidad para poder estar hoy donde estoy. Por suerte, con el tiempo, me he dado cuenta de que pertenecer a la etnia romaní no es un crimen del cual me tengo que avergonzar o del que tengo que esconderme. Al contrario, estoy orgullosa de ser gitana.

Feliz día internacional del pueblo gitano a todas mis primas y primos que luchan por nuestros derechos y que se ven obligados a invisibilizarse para poder alcanzar sus sueños.


 

[1] (entrevista a Josefa, Navarra, 17 años ‐ Experiencias y trayectorias de éxito escolar de gitanas y gitanos en España, José Eugenio Abajo y Silvia Carrasco, 2004).

Artículo de opinión de Mirjana Markovic por el 8 de abril, día Internacional del Pueblo Gitano.

 

 

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