El TTIP y sus repercusiones sobre los derechos fundamentales

Pauline Probeuf

El pasado viernes día 10 se celebró en Bruselas un seminario sobre el Tratado de Libre comercio con EE.UU. organizado por la AEDH. Nuestra asociación estuvo presente en dicho seminario. Estas son algunas de las cuestiones que se plantearon.

Introducción

El TTIP es un Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea que debe ser adoptado por los gobiernos y el Parlamento europeo. Las negociaciones e iniciaron en noviembre de 2011, creándose un primer grupo de trabajo que reunión a los representantes de los estados y de las empresas americanas y europeas. Según declaraciones oficiales,  tan sólo en la fase preparatoria del TTIP se celebraron 590 reuniones entre la Comisión Europea y representantes de grupos de presión (lobbies). El 92% de estas reuniones eran con los representantes de empresas, mientras que sólo en unos pocos casos se mantuvieron conversaciones con representantes de asociaciones de consumidores y de sindicatos. El 14 de marzo de 2015 se ha desarrollado el cuarto round de negociaciones entre los EE.UU y la UE.

Este proyecto no tiene otro objetivo que estructurar el comercio mundial. Los EE.UU y la UE juntos representan un 30% de los intercambios comerciales internacionales y aproximadamente un 50% del PIB mundial. El ámbito de las negociaciones es comparable con lo que fue decidido cuando la UE se construyó como unión económica. Si tenemos en cuenta las repercusiones en los ámbitos económico y social sobre los países de la UE, se puede imaginar los efectos considerables que podría tener el TTIP.

¿El debate acaba con la adopción del tratado por los gobiernos implicados? Lo que constatamos es que cuando se trata de la regulación por el mercado, se considera que las discusiones con las otras partes interesadas no son importantes. Se alaban las virtudes de la sociedad de información, de la sociedad libre. Pero nos damos cuenta que con el TTIP, no se promociona la información sino el secreto. La redacción del TTIP no es para nada transparente. Los miembros del Parlamento europeo no tienen acceso a los documentos del TTIP y resulta muy difícil tener información en su momento. Además, se promueve el dialogo civil y social pero cuando se trata de acción económica, no se tiene en cuenta este mismo dialogo. Varias asociaciones (APDHA, AEDH, Ligas de DD.HH. y muchas otras organizaciones…) y varios sindicatos manifestaron su rechazo del TTIP.

¿Que pasa con los derechos humanos y la democracia?

Según Alexis Deswaef, presidente de la LDH belga, luchar contra las injusticias, las violaciones de los derechos fundamentales forman parte de las preocupaciones de su liga y la actualidad influye en las acciones de la liga. Pero incluye también en su agenda cuestiones que no lo son. En 2014, el tema prioritario eran los derechos económicos, sociales y culturales (DESC). La prioridad absoluta de los gobiernos debería haber sido los DESC en un contexto de crisis económica pero no ha sido así. Los gobiernos tenían como excusa las directivas tomadas por “Europa” (la regla de oro, el pacto presupuestario…). Al final, las políticas de austeridad no han funcionado.

Con el TTIP, ocurre lo mismo. Se habla de “libre comercio”, de “competitividad”, de “creación de empleo”. Pero son argumentos del “servicio postventa” del TTIP. Son palabras. Aún el mismo Comisario Europeo del Comercio, Karel de Gucht, no tiene un conocimiento profundo del tema. Se refiere sistemáticamente encomendado por la UE sobre el TTIP pero al parecer no lo ha leído ni una vez. Según ese estudio, el TTIP permitiría aumentar un 0.5% el PIB europeo en un periodo de 10 años, o sea un 0.05% de crecimiento en un año. Karel de Gucht usa frases vacías, preparadas por los poderosos lobbies que tienen mayor interés en la firma de este tratado.

La realidad es que este TTIP perjudica a los consumidores, los productores y al medio ambiente. Y con estas temáticas, entramos de lleno en el núcleo de la defensa de los derechos humanos. La eliminación de las normas de control provocará problemas considerables en lo que respecta a los derechos sociales y a la protección de los trabajadores. La apertura a la concurrencia en la prestación de servicios con el TISA (Trade Investement Agreement) podría tener graves consecuencias en contra del interés general (atención sanitaria…). Los Estados Unidos y la Unión europea tienen modelos sociales y medioambientales muy distintos y estas medidas económicas extremas tendrán consecuencias importantes sobre estos modelos.

Por otro lado, la pérdida del control democrático es evidente. Hay una confiscación efectiva del poder por la UE, inherente a los mecanismos del TTIP. Pero afecta también el nivel político europeo: el Consejo de cooperación regulada influirá tanto en el legislativo europeo como en los legislativos nacionales. Este Consejo influirá sobre la elaboración de las normas que se elaboran en el Parlamento. Concretamente, es una regresión en términos de separación de los poderes.

Por fin, la Sala de Controversias entre Estados y empresas para asegurar el mayor nivel posible de protección para los inversores (las FMN) supone un poder aún más grande para las empresas y las trasnacionales. Los jueces serían abogados de empresa. No son jueces que actuarían con independencia porque un abogado de empresa actúa según los intereses de un grupo, de una FMN. Esta Sala de Controversias permitiría a las FMN pedir explicaciones a los Estados que hubieran podido establecer leyes que interfieran en sus planes de inversiones. Y está claro que eso lo paga el contribuyente. Para resumir cada empresa puede “atacar” un Estado pero nunca el contrario. Así para dar un ejemplo, Philip Morris demandó a Uruguay y Australia, dos países que tenían campañas anti tabaco que consideraba como antidiscriminatorias. Igual que Lone Pine Resources que demandó a Canadá porque Quebec prohibió el gas esquito para proteger el medio ambiente. Se trata de millones de dólares.

Son los diputados que tienen que protegernos del TTIP. ¿Pero como los diputados pueden ejercer su mandato con toda independencia para preservar los intereses de los ciudadanos europeos cuando constatamos que sobre 700, 380 cumulan su carga de diputado con otros intereses (p.ej. puestos en la dirección de las empresas…)? Se trata de un real desafío parlamentario. Los parlamentarios deben hacer un verdadero trabajo de control.

En términos de datos personales, el TTIP representa un problema según Maryant Fernández Pérez, de European Digital Rights (EDRI). Entre las FMN que se interesan en las negociaciones del TTIP, se encuentran las grandes compañías del internet (Google, Facebook, Twitter, Microsoft, FAI, Amazon…). Existen al menos dos grandes barreras protectoras en la UE que constituyen un obstáculo para estas FMN : el principio de la neutralidad del internet (adoptado por el Parlamento europeo en el mes de abril de 2014) y la protección de los datos personales. La Comisión Federal de las Comunicaciones (FFC)de EE.UU. cuestionó este principio. Si el TTIP se firma, EE.UU podría legítimamente exigir que se supriman estas barreras. En términos de datos personales, las legislaciones no son las mismas en ambos lados del Atlántico. Los colosos de Internet que colectan, utilizan y comercializan los datos personales podrían realizar una nivelación a la baja de las legislaciones. La omnipresencia publicitaria que forma parte poco a poco de todos los aspectos de nuestra vida privada constituye una vigilancia peligrosa.

Estado de las negociaciones y estrategias ciudadanías contra el TTIP

Hoy, con la movilización, hay un debate que no pone fin al proceso de contestación y de dialogo entre la sociedad civil y los negociadores. Felipe Keirksblick, secretario general de la Central Nacional de los Empleados (CNE) y coordinador del AlterSummit, destaca que el tema del TTIP ha salido de la confidencialidad. En el mundo de las ONGs, de los sindicatos, es una cuestión que empieza a ser conocida y discutida. Esta toma de conciencia se produjo en tres fases: el peligro medioambiental y alimentario, la confrontación de las democracias con las FMN y la dimensión global y geopolítica, porque el TTIP puede ser considerado como una OTAN económica. Las actuaciones en la calle han sido hasta ahora determinantes. Se han podido constituir alianzas amplias contra el TTIP: ecologistas, agricultores, sanidad publica, sindicalistas, profesores…

Pero el problema es que sigue siendo un debate de militantes “profesionales”, aún no es un debate popular. La pregunta ahora es: ¿cómo hacer para que se convierta en un debate popular? Según Felipe Keirksblick, es necesario hacer acciones repetitivas, mensuales, locales, sencillas y que necesitan mucha creatividad y compromiso para parar estas negociaciones. Es necesario manifestar el descontento para que el Parlamento Europeo rechace el TTIP. Desde el Tratado de Lisboa de noviembre de 2009, el Parlamento Europeo puede autorizar o no un acuerdo internacional con el procedimiento de consentimiento (art; 18, párrafo 6) mientras que antes solo tenía un papel consultativo. Es importante que se unan la movilización ciudadanía y la movilización política, que la movilización ciudadana y sindical encuentre una oportunidad política. Si la Iniciativa Ciudadanía Europea (ICE) es una de las formas de actividades, más gente habrá utilizando distintas maneras de hacer, más este movimiento de oposición habrá fuerza.

Aquí se puede consultar la campaña de la Iniciativa Ciudadana Europea:

https://stop-ttip.org/es/

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