La Memoria Torturada

Intervención de nuestra compañera Cristina Serván en la presentación de la Mesa “La memoria Torturada“, celebrada el día 19 de octubre en la Casa de Iberoamérica, que fue organizada por la Delegación de Memoria Democrática del Ayuntamiento de Cádiz.

La Memoria Torturada es la expresión de un sentimiento, una sensación callada que persiste en los rincones de la conciencia. Va más allá de la violencia ejercida sobre los cuerpos, porque también se ha violentado la justicia, los recuerdos, los relatos, la verdad individual y colectiva.

Por eso es necesario recuperar testimonios y reflexiones que ayuden a iluminar el tardofranquismo y la transición. Etapas difusas y con límites imprecisos, que fecundaron el germen de lo que venimos a soñar como democracia.

La sombra de Franco es desproporcionalmente alargada para su talla. Será quizás porque la oscuridad que proyecta se nutre del poder de la banca, la patronal y la iglesia, para imprimirse sobre una democracia hueca y desvanecida desde su origen.

Las aspiraciones, luchas y sueños de la sociedad de la etapa tardofranquista, se pagaron a base de sangre, sufrimiento y muerte. La lista de crímenes cometidos por la policía, guardia civil, grupos de ultraderecha y paramilitares es sobrecogedora.

Sobrecoge la juventud de quienes perecían bajo las balas en las manifestaciones. Sobrecoge el valor y la voluntad de resistir y seguir luchando a pesar de las amenazas y las torturas. Sobrecoge la vulnerabilidad frente a los asesinos de ultraderecha, que sin pudor ni consecuencias, cometieron tropelías infames.

La justicia se presentó blanda, desgajada y arbitraria. El patrón discurría entre la no investigación de los crímenes, la culpabilización y descalificación de las víctimas, desvirtuar o distorsionar los hechos.., y en caso de llegar juicio, las sanciones eran mínimas. Era notable la velocidad con la que los permisos penitenciarios acabaron en fuga y huida del país.

Muchos de los culpables fueron y siguen siendo confidentes o asesores de la policía, o distinguidos por su eficiente labor en sus funciones, encontrándose bajo la protección de las togas de los jueces y políticos herederos del franquismo.

El precio a sangre y vida fue demasiado alto, demasiado. Las reivindicaciones que desde abajo luchaban con alcanzar democracia, tejieron su sueño con proclamas de Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía.

Pero la libertad alcanzada fue asimétrica: más libertad para el capital y menos para la vida.

La amnistía, una necesidad para avanzar. Pero esta llegó envenenada de impunidad para los criminales represores y torturadores.

Y el estatuto de autonomía, dibujó en su silueta un fantasma de patrias rotas, cosidas por el fascismo rancio, de la única, grande y libre.

Tan alto fue el precio de la Constitución, que aún no conseguimos creer que no fuera más que una caja vacía.

Por eso tenemos que repasar las cuentas, todas y cada de las lágrimas, todas y cada de las esperanzas y todas y cada una de las ausencias. Teníamos poco, y aún así, todo lo que fue usurpado es y será valioso. Las cicatrices de nuestras memoria nos pertenecen y aquí estamos para recorrerlas juntas.

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