La procesión forzada de “los sin techo”

Según el último censo realizado en noviembre, se han localizado en Cádiz a 105 personas sin hogar.

Los recursos existentes para alojarlos suponen 32 plazas durante todo el año, que, durante la campaña de frío, del 1 de noviembre a 31 de marzo, se incrementan en 16, lo que da un total de 48 plazas en esta temporada. Esto supone que más de la mitad de las personas sin hogar tengan que dormir forzosamente en la calle.

Por otro lado, las plazas del Centro de Acogida Municipal (Albergue), 20-26 según temporada, son rotatorias, por lo que la estancia máxima es de unos 5 días por persona, y al cabo de ellos debe abandonar el centro y volver a la calle hasta que, transcurridos tres o cuatro meses, vuelve a tener plaza. Además, no pueden convivir con su pareja, en caso de tenerla; deben abandonar a sus mascotas, que es como abandonar a su familia; y someterse a unos horarios y reglas nada flexibles y que pocos de los “con techo” aceptaríamos.

Esta es la realidad de estas personas, a las que, dados sus nulos o escasos ingresos, solo les queda la calle para vivir y dormir.

Pero no es verdad, no les queda ni la calle pues, con unas u otras razones, son sucesivamente desalojados de los lugares públicos en que se refugian. Así, hubieron de abandonar el anfiteatro Pemán, la pérgola de Santa Bárbara, las bóvedas de Santa Elena y, últimamente, los bajos del balneario de La Caleta. Son muy mal vistos y criticados y expulsados de plazas y paseos, también el mobiliario urbano se diseña de modo que no puedan dormir sobre él. Es una auténtica procesión la que tienen que hacer a la búsqueda de un lugar mínimamente amable donde acurrucarse, hasta ser nuevamente expulsados.

¿Dónde pueden vivir? Olvidamos que SON PERSONAS, las más excluidas de todas y, en la mayoría de los casos, herederas de la pobreza. Pues sí, la pobreza se hereda, se transmite de generación en generación, al igual que la riqueza, solo que esta no nos espanta, sino que la veneramos; pero es igual de aleatoria, de ciega, llega también sin unos méritos propios previos. La diferencia es que de la pobreza hay muy pocas manos que quieran ayudarte a salir. La mayoría señala al pobre como causante de su situación sin mirar más allá y ver los condicionantes que acompañan a cada vida y que nuestra sociedad perpetúa con su falta de equidad.

Hace falta poner fin a esta procesión continúa e inhumana y para ello deben las administraciones determinar, de manera decidida, medidas convenientemente presupuestadas que den techo digno a esas 105 personas, junto a un apoyo profesional para ayudarlas a rehacer sus vidas.

La vergüenza no es tanto vivir en la calle como consentir que nuestros vecinos y vecinas no tengan otra opción y, además, les afrentemos por pobres.

Es preciso un albergue más amplio, mejor equipado y más flexible en sus normas y horarios. Es preciso disponer de viviendas donde alojarlas (resuenan estrepitosamente las viviendas vacías de los fondos buitres, de los bancos, de la iglesia…). Haberlas haylas.

La propiedad privada no puede ser ilimitada y permitirse arrollar sin pudor los derechos de las personas.

Es signo de sensibilidades abotargadas seguir permitiendo esta realidad en una sociedad del siglo XXI que se dice avanzada.

¡LA APDHA EXIGE UN TECHO DIGNO PARA TODAS LAS PERSONAS YA!

¡YA NO VALEN MÁS EXCUSAS DE QUIENES TIENEN LA OBLIGACIÓN DE CONSEGUIRLO!


14 de diciembre de 2021

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