Crónicas palestinas 6: Día Internacional contra los muros

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El muro del apartheid.
Un muro es mucho más que un muro, las divisiones trascienden el plano físico y las acciones de denuncia deben trascender también las fronteras creadas.

El muro de Cisjordania comenzó a construirse en 2002 y a día de hoy, Israel no considera que su establecimiento esté finalizado, dado que continuamente sigue tratando de ampliarlo. El Estado israelí sostiene esta estrategia perversa, justificándose bajo una supuesta amenaza a su seguridad. La imposición de muros y vallas incumplen tanto el Derecho Internacional como las resoluciones de la ONU, que declaran que el muro es ilegal.
Este muro, que alcanza una extensión de 800 kilómetros, se despliega por toda Cisjordania y rodea Jerusalén. Y a pesar de utilizar una excusa de “seguridad” para su establecimiento, su trazado ha desvelado una función diferente, que es la expropiación de tierras palestinas, la separación de ciudades, pueblos y familias, alterando profundamente la existencia y acceso a recursos imprescindibles para el desarrollo natural de la vida cotidiana, que ha acabado convirtiendo la vida de las personas palestinas en una auténtica pesadilla.

Hoy, 9 de noviembre, es un día reivindicado para hablar de los muros, hacerlos presentes allí donde se olvida demasiado a menudo su existencia y expansión en distintos lugares alrededor del mundo. Actualmente existen más de 70 muros en distintas localizaciones de todos los continentes.
Es indiscutible que el efecto de los muros es, en valor absoluto, la generación de muerte, desigualdad y graves vulneraciones de Derechos Humanos. No existe excepción en ese sentido y reclamamos su eliminación total.
El muro israelí es tres veces más grande y dos veces más alto que el Muro de Berlín. Pero lamentablemente sus efectos en la población Palestina han recibido mucha menos atención.
Si bien en Europa la presencia del muro de Berlín simbolizó la lucha entre las potencias hegemónicas del poder político durante la Guerra Fría, y su derribo fue aplaudido desde todos los ángulos, parece que poco se llegó a aprender del inefable significado y atroz impacto de estas aberraciones.
El muro supone no solo una fragmentación del territorio, sino de las familias, comunidades y recursos básicos. Se destruyen lazos e impiden las relaciones interpersonales, sociales y políticas, presionando para conseguir un desplazamiento de las personas palestinas dirigido a zonas que poco a poco se van sobre poblando, facilitando el proceso de usurpación y colonización del proyecto sionista.
Estas condiciones provocan la explotación no solo de los territorios anexados, también de las personas palestinas que se ven abocadas al trabajo precario y explotación a manos de quienes a la misma vez les roban sus legítimos recursos para el desarrollo.
En este viaje estamos aprendiendo que la resistencia es una forma de vida para el pueblo palestino, y se desarrolla a través de la memoria y la esperanza que provoca ser capaces de implicarnos todas en alcanzar la justicia y la libertad como proyecto colectivo.

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