Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares: El poder nuclear de Israel en Oriente Medio

Irene Graíño Calaza, área de Solidaridad Internacional de APDHA.

Artículo en apoyo a la campaña #10razonesfirmaTPAN #nuclearban

Según José Ignacio Castro Torres (2019), el escenario global entre los grandes actores es seguida con gran preocupación en Oriente Medio, zona de por sí convulsa, y en la que las tres principales potencias tienen importantes intereses. Igualmente, la tensión entre las grandes potencias deja espacio para la redefinición de poder en la zona y actores como Israel, Arabia Saudí o Israel pugnan por imponer sus intereses.

Este reordenamiento ha conducido a que, lejos de producirse aproximaciones, se haya llegado a una situación de realismo ofensivo. De tal modo, y desde el punto de vista de las relaciones internacionales, parecen cumplirse las teorías de Meashemeir, quién apreciaba desde el inicio de siglo que los países no se conformarían con un orden establecido, y que buscarían alcanzar mayores cuotas de poder. De modo que, en esta lucha por el poder, los Estados buscarían imponerse unos a otros, llegando uno de ellos a ser potencia hegemónica, para lo que siempre se precisaría adquirir capacidad nuclear (Castro Torres, 2019).

Por un lado, según Castro Torres (2019) Israel se configura como un caso especial en la región, puesto que se encuentra ubicado entre Estados árabes, y ha salido airoso a lo largo de su breve historia de las situaciones de conflicto, que podían haberle llevado a su desaparición, aunque en la actualidad no se vislumbran problemas existenciales con sus vecinos estatales más próximos. Sin embargo, la ocupación de los Altos del Golán ha sido una fuente de tensión interestatal que podría reavivarse en el largo plazo, tras la resolución del actual conflicto sirio, y este problema podría ser aprovechado por Irán. Por otro lado, la postura nuclear de Israel se ha basado tradicionalmente en una combinación de ataques preventivos, para evitar que los adversarios adquieran esta capacidad nuclear, unidos a la disuasión nuclear que suministra su armamento (Castro Torres, 2019). En este sentido, siguiendo a Castro Torres (2019) Israel no niega ni confirma la posesión de armas nucleares, no forma parte del Tratado de No Proliferación Nuclear, y su postura es una mezcla de ambigüedad y opacidad. A pesar de esta falta de transparencia, se calcula que estaría en posesión de 80 a 85 cabezas nucleares, y que tienen la posibilidad de proyectar un arma de estas características mediante el empleo de aeronaves, submarinos y misiles, lo que les da la capacidad que no posee otro Estado de la región.

De un lado, y de acuerdo con Castro Torres (2019), “para Israel, las experiencias previas le han llevado a dotarse de una capacidad nuclear no declarada, pero que proporciona la suficiente disuasión que asegure su supervivencia. Al mismo tiempo, se aprecia que, históricamente ha evitado que otros actores adquieran la capacidad nuclear”. En el mismo sentido, a la posibilidad de proliferación de armas nucleares, se incorpora la existencia de los vectores de lanzamiento capaces de proyectar este tipo de armas. En la región están apareciendo misiles dotados de mayor capacidad, alcance y precisión, incorporándose la presencia de tecnologías antimisil y antiaérea, como el sistema Iron-Beam (complementario con el sistema Iron Dome), que ya se encuentra operativo en las Fuerzas de Defensa de Israel, y que seguramente seguirá evolucionando (Azulai Yuval, 2018).

De otro lado, dicha variedad de opciones facilita a Israel el poder de actuar además en forma de represalia, por lo que la posesión de fuerzas nucleares con capacidad de supervivencia ante un primer ataque nuclear enemigo es fundamental, lo que se denominaría el efecto Sansón (Castro Torres, 2019), y esta capacidad se la darían, entre otros, los submarinos con la posibilidad del lanzamiento de misiles nucleares, de los que se han adquirido nuevas unidades (Kyle Mizokami, 2018).

Por último, además de su potencial atómico, la política nuclear de Israel abarca la doctrina Begin que contempla la intervención militar para evitar que sus adversarios puedan conseguir armas nucleares. Pruebas irrefutables de esta doctrina fueron las intervenciones de sus fuerzas aéreas para derribar en Irak el reactor nuclear de Osiraq el año 1981 y la destrucción de instalaciones nucleares sirias de Deir al-Zour en 2007. Igualmente, existe una elevada posibilidad de que el virus Stutnex, que colapsó las centrifugadoras de uranio iraníes en el año 2010, fuese creado conjuntamente por israelitas y estadounidenses (Atomic Heritage Foundation, 2018).

BIBLIOGRAFÍA ACADÉMICA:

Atomic Heritage Foundation. (15 de agosto, 2018). Israeli Nuclear Program. Atomic Heritage Foudation. https://www.atomicheritage.org/history/israeli-nuclear-program.

Castro Torres, J. I. (2019). El riesgo de la proliferación nuclear en el Oriente medio y el auge de las potencias regionales. Bie3: Boletín IEEE, 14, 202-217. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7264317-

Mizokami, K. (27 de enero, 2019). Meet Israel’s Dolphin-Class Submarine (Armed with Nukes). The National Interest. https://nationalinterest.org/blog/buzz/meet-israels-super-dolphinclass-submarine-armed-nukes-42652.

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