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Unas reflexiones de APDHA-Cádiz con relación al Decálogo de "APRECO" sobre la venta ambulante en Puerto Real Imprimir
13/03/2013

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía quiere expresar su preocupación por la campaña que ha puesto en marcha APRECO, Asociación de Empresarios y Comerciantes de Puerto Real.

Debemos de entrada decir que nos sentimos solidarios y comprendemos la situación del comercio y de las empresas en nuestra localidad. Es una expresión de una crisis profunda y sobre todo de políticas nefastas que favorecen a los grandes, bancos y especuladores, perjudicando a la clase media, a la gente trabajadora y al pequeño comercio y pequeñas empresas.

Ante esta situación no cabe sino ponerse codo con codo, toda la ciudadanía, y rebelarse contra el recorte de los derechos que todos y todas estamos sufriendo.

Lo que nos preocupa y no parece de recibo es que se pretenda culpar de la situación de falta de competitividad y de los efectos de la crisis a otras personas que, además sufren todavía en mayor medida, las consecuencias de la misma. Reiteramos que comprendemos situaciones difíciles que vivimos toda la sociedad, también el pequeño comercio, autónomos y pequeña empresa, pero que no se puede señalar como responsables de la misma a quienes no tienen ninguna responsabilidad y además padecen las consecuencias todavía en mayor medida.

Que una asociación respetable como APRECO culpe a la gente que no tiene más remedio que buscarse la vida no parece propio de la seriedad de la misma y seguramente no se habrá meditado suficientemente. ¿Tal vez son culpables de la crisis del comercio local los que cogen y venden muergos en nuestra localidad? ¿O son responsables los que buscan caracoles y recogen tagarninas o espárragos? ¿O tal vez lo que venden cuatro CDs, dos bolsos y algún que otro paraguas en nuestras calles?

¿En serio se puede afirmar que la culpa de la destrucción de empleo y de empresas es de la venta ambulante?

Realmente no es serio. Creemos que es necesario superar la insolidaridad y el buscar chivos expiatorios de problemas que en parte son endógenos y en parte por la situación de crisis que vivimos y que nos hacen padecer a todos, clientes, vendedores ambulantes, pequeños empresario y pequeño comercio.

No creemos que el decálogo difundido por APRECO se sitúe en esa óptica de solidaridad y de ser capaces de contemplar los derechos que como seres humanos y ciudadanos de una misma ciudad que compartimos todos y todas.

Nos parece un decálogo de echar culpas a otros, de señalar a los más débiles –cuyas estrategias de supervivencia hemos de apoyar todos y todas, instituciones, asociaciones y ciudadanía- en vez de dinámicas de desarrollo, nuevas iniciativas y horizontes emprendedores en nuestra localidad.

Desde la APDHA apostamos por ese modelo: un modelo de ciudad que abra sus calles a la  a la diversidad, que brinde  oportunidades a toda la ciudadanía y que no esconda bajo sus alfombras las penurias de quienes quedan a los márgenes de lo legal. Por eso nos parece hiriente que se identifique el deterioro de la calidad de vida y del entorno de la ciudad con la presencia de personas en nuestras calles que no tienen los derechos o los recursos para “legalizar” su medio de subsistencia. ¿De verdad los ciudadanos en general consideramos que se deteriora la calidad y el entorno por que haya personas vendiendo en la calle? O se tratará más bien de una visión preconcebida, despreciativa e incluso hipócrita hacia de la gente sin recursos en nuestra ciudad.

Algunas afirmaciones nos resultan particularmente hirientes y esperamos que sea tan sólo por desconocimiento. Por ejemplo cuando se dice que los vendedores en la calle no pagan impuestos. Lo cierto es que las personas inmigrantes, por ejemplo deben pagar obligatoriamente sus impuestos aunque no hayan vendido ni un paraguas si no quieren quedarse sin permiso de residencia y verse con la amenaza de la expulsión.

¿De verdad creen en APRECO que la venta de las tagarninas, los bolsos, muergos, paraguas o CDs, contribuyen al empobrecimiento de la economía de nuestro país? ¿Será así o serán los defraudadores, grandes y menos grandes, los corruptos y especuladores los que nos están llevando a la ruina? ¿Por qué no se señala en su decálogo este problema que sí es real?

O cuando se habla de explotación laboral. Verdaderamente banalizar sobre este tema es totalmente inadmisible. En su inmensa mayoría estas personas que venden en las calles tagarninas o caracoles, paraguas o coquinas, no están sometidas a la explotación laboral. Sí están sometidas a condiciones de vida difíciles para las que tienen que encontrar formas de sobrevivir. Y además es preciso señalar una lógica perversa que identifica a un sector de la venta ambulante sin autorización, la de los inmigrantes, a un imaginario de fondo racista que siempre los identifica con redes criminales.

Por desgracia no es infrecuente encontrar condiciones leoninas de contratos en determinadas empresas de nuestra localidad, con trabajos1 de sol a sol y salarios de miseria… Que eso también existe y si es verdadera explotación laboral, cosa que en nuestro pueblo todo el mundo conoce por desgracia. Y calla porque de algo hay que vivir.

Del mismo modo nos resulta algo ofensivo que se identifique la venta no regulada o sin autorización con actividades delictivas. Ni es justo ni es cierto. El que se vendan copias de CDs., por ejemplo, está tipificado como delito menor… La venta de falsificaciones ya está penada... ¿le añadimos más penalidades en nuestro pueblo a la gente que intenta salir adelante mediante la persecución? Pero de verdad preferimos que algunas marcas pues se vean un poco afectadas ante las situaciones de vulnerabilidad y precariedad de quienes intentan ganarse la vida para sobrevivir. Cuando una sociedad no puede garantizar la vida digna de sus ciudadanos no puede además imponer condiciones que impidan la supervivencia.

La APDHA creemos que es necesario negociar los espacios y dejar atrás visiones particulares, interesadas y como en este caso prejuiciadas sobre la gente que tiene más necesidades y que busca estrategias de supervivencia que en la mayor parte de los casos no perjudican a nadie. En estos tiempos de crisis creemos que así piensa la mayoría de nuestro pueblo.

Desde la APDHA nos ofrecemos desde luego para trabajar en este sentido solidario, generoso e integrador, en el que nadie resulta perjudicado. Y dejarnos todos de demagogias populistas y discriminatorias para la gente de nuestro pueblo con más problemas.

La APDHA vamos a organizar una serie de actividades en nuestra localidad con motivo de la celebración del Día Internacional contra el Racismo en nuestro pueblo el próximo 21 de marzo. En ese marco difundiremos ampliamente un decálogo de la solidaridad. Estamos convencidos del apoyo y colaboración de APRECO y las demás entidades ciudadanas.

 

Cádiz, 13 de marzo de 2013

 

 

 
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