¿Jugando al miedo? JOSÉ GORDÓN PRAT

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Hasta finales de la primera década del siglo XXI, la arremetida neoliberal hizo que los Estados, serviles a las empresas transnacionales, terminaran de mercantilizar todos los rincones de nuestras vidas y de nuestra naturaleza, como también que aumentaran los niveles de explotación laboral hasta lo indecente. En cambio, el inicio de la presente década vino marcado por las multitudinarias movilizaciones populares que desde distintas regiones del planeta impugnaban el modelo capitalista imperante. Desde África con las  “primaveras árabes” hasta la mismísima Wall Street con el movimiento “Occupy”, pasando por nuestra península el 15 de mayo de 2011 en que las instituciones españolas entraron en shock ante la abierta acusación popular a la mafia instalada en las mismas para beneficio de esas transnacionales, tanto españolas como extranjeras.

            De manera simplificada, en esos años la población, superando el telón mediático en su contra, hizo constar que la supuesta crisis financiera no era tal y que el rechazo social lo es al modelo dominante en su integridad, revelando que realmente se trata de una crisis sistémica o civilizatoria. Sin margen a mucho error, pueden señalarse esos momentos como aquellos en los que el miedo entró en las vidas de los grandes accionistas de las transnacionales, les entraba pavor sólo de pensar en reducir sus virtuales ganancias. Así, cual señorito de su cortijo globalizado, se niegan a rectificar –quizá por no tratarse de personas muy sabias– y a dejar de acrecentar sus especulaciones financieras –quizá para no parecer vulgares seres vivos y sociales. El miedo a perder privilegios y la negación a aceptar cualquier cambio son el motivo de fondo del uso de la violencia estatal en contra de la gente, en forma de leyes, multas, impunidad, golpes y cárceles. Las políticas estatales han pasado del recorte de derechos sociales y económicos al recorte de derechos civiles y políticos, de negarnos una vida decente a negarnos incluso las herramientas para intentar construirla, nuestros derechos políticos y civiles, a prohibir la disidencia contra sus privilegios.

            Si ese relato puede ser generalizable a nivel internacional, atendiendo a nuestra tierra, la simplificación no es tanta. Y es que en una Andalucía con unas condiciones de explotación y de exclusión social inaceptables, considerando además los bienes y riqueza de nuestra tierra, tales condiciones constituyen por sí solas un cuestionamiento radical del vigente modelo económico-social. Si a ello le sumamos que las instituciones estatales (tribunales, policías, etc.) a duras penas pueden presumir de tener escrúpulos democráticos –encontrándose cuestionadas incluso a nivel internacional– acabamos llegando a perder la cuenta de las personas afectadas por violaciones estatales de sus derechos civiles y políticos y, lo más significativo, con base en excusas cada vez más inverosímiles, como calificar de injuria la crítica a instituciones y administraciones o como rebelión lo que no son sino simples manifestaciones.

            La estrategia de esa élite temerosa de perder privilegios es la de introducirnos el miedo mediante la violencia del Estado para disuadirnos de ejercer y reivindicar nuestros derechos. Por esta razón entrar al juego del miedo, es perder, es ceder a su dominación y perpetuar las  trampas e injusticias vigentes. Al común de las mortales nos queda una única estrategia, la de nuestra solidaridad desde el coraje y la alegría, y una única arma la del compromiso firme y constante en la defensa de los derechos y libertades de nuestras gentes.

José Gordón Prat, abogado y activista.