Jornadas “Dignidad en las fronteras”: Mujeres porteadoras “Todo el peso sobre sus espaldas”

Porteadoras

Una crónica de Cristina Serván y Nuria Sepúlveda. El pasado sábado 13 febrero la APDHA conjuntamente con distintas asociaciones del norte de Marruecos y Ceuta, desarrollamos unas jornadas de divulgación y debate sobre la situación de vulneración de DDHH que viven las mujeres que portan mercancías en la frontera de Ceuta y Melilla.
Nos propusimos analizar la situación de este colectivo cuatro años después de las primeras jornadas desarrolladas por la APDHA en Tetuán en 2012.
En esta ocasión, el trabajo previo ha consistido en un seguimiento de las informaciones disponibles en los medios de comunicación y colectivos sociales de la zona sobre este tema, así como un relanzamiento de las relaciones y encuentros con el tejido social marroquí y ceutí.
Esa recogida y revisión de información revela pocos cambios en la situación de vulneración de DDHH que viven estas personas, no obstante, hemos profundizado en la problemática resolviendo la necesidad de relanzar y ampliar las reivindicaciones de la Declaración de Tetuán . De esta forma, se añaden nuevos planteamientos a los iniciales así como la necesidad de comprometer de manera efectiva a las instituciones políticas de Marruecos, España y el ámbito europeo.
Para las jornadas realizadas el pasado 13 de febrero, contamos con profesionales del ámbito académico como Zohra Al-Kamlichi de la universidad de Tetuán, Cristina Fuentes investigadora de la Universidad de Granada, expertos del ámbito jurídico marroquí como Khamal Mehdi, profesionales de los medios de comunicación; Antonio Sempere y MouhcineChergui, y la senadora española Maribel Mora.

Porteadoras Martil-1 (Copiar)Las jornadas lograron hacer visible, al menos por un día, la situación de las mujeres que portan mercancías, conocidas como porteadoras, labor que asumen miles de mujeres para conseguir el sustento necesario para afrontar la pobreza y la exclusión en la que viven.
Esta labor, considerada comercio en el lado español y contrabando en la parte marroquí, supone cargar con un fardo muy pesado; el físico (el que se ve), va de los 50 a los 90 kilos. Con esta carga transitan por un espacio inexplicable e intensamente hostil para cualquier ser humano.
Pero existe otro fardo, que no se ve y las hace invisibles también a ellas. Ese acumula el peso del estigma de una actividad que recibe el rechazo social e institucional a pesar de que proporciona importantes beneficios para las empresas instaladas en el Tarajal que prácticamente a coste 0 y sin pagar impuestos pasan sus productos al otro lado de la frontera. También beneficia a Marruecos que encuentra en esta actividad una salida para miles de personas desempleadas que no tienen muchas más alternativas.
Raramente se habla de esta actividad desde el punto de vista de los derechos de las mujeres porteadoras, sino que el discurso deriva fácilmente a las reivindicaciones de soberanía sobre el territorio, el contrabando como amenaza para la industria local o incluso la seguridad de la policía de frontera sin cuestionar la violencia que esta misma policía ejerce sobre las mujeres.
Estas vulneraciones de derechos provocan intensos efectos negativos a nivel físico, psicológico, social y familiar. Los golpes, malos tratos y abusos sexuales unidos a humillaciones, el temor por las arbitrarias confiscaciones de la carga, castigos, insultos.., calan en la realidad de las mujeres que desarrollan la vida en un contexto de violencia que aún persiste cuando regresan a sus hogares.
Ser “porteadora” es ser equiparada a “una mula”, una profesión que las avergüenza y que a menudo ocultan a sus familias que deben atender antes de comenzar o al finalizar su dura jornada pues aunque su aportación económica es aceptada, no las exime de la obligación de los cuidados. Unos cuidados que a veces deben asumir las hijas mayores que, a falta de una formación, terminarán perpetuando la misma situación vital.
En este escenario se hace evidente la necesidad de plantear estrategias de acción, dirigidas a promover el protagonismo de las mujeres que portan la mercancía, señalando las indignas condiciones en las que desarrollan su actividad y reclamando responsabilidades que comprometan a los Estados para garantizar el reconocimiento de los derechos que les son legítimos.
Es imprescindible destacar la necesidad de establecer una reflexión sobre la realidad en las fronteras por parte de los Estados implicados, pero también a nivel europeo.
Urge dignificar las infraestructuras de los pasos de la frontera, humanizar sus instalaciones y adaptarlas a la realidad del s. XXI y al tránsito de las 20.000 personas que pasan por ellos a diario.
El paso de mercancías es una actividad laboral y como tal hay que reconocerla por lo que habrá que regularla aunque sea de manera específica.
Es urgente vigilar las agresiones que sufren estas mujeres y reclamar información sobre estas acciones también cuando las comete la policía de ambos lados de la frontera. Las mujeres tienen que saber cómo denunciar y ser apoyadas en ese proceso.
La desigualdad es inmensa, la zona norte de Marruecos tiene una situación de intenso desempleo que fomenta la economía informal, esa que suspende de los Derechos Humanos y vulnerabiliza a quienes la desarrollan. Por eso es fundamental el papel de la cooperación transfronteriza y el refuerzo del tejido social de la zona que posibilite mayor proximidad con las mujeres para que puedan tener mayor protagonismo y se hagan visibles.
Conclusión y perspectivas:
El compromiso establecido para abordar este tema es firme a ambos lados de la frontera, prueba de ello ha sido la amplia participación en las jornadas realizadas.
Conseguir garantías para el reconocimiento de los derechos humanos es una prioridad más allá de los componentes soberanistas, económicos y geoestratégicos. Las organizaciones de defensa de derechos humanos ponemos esta cuestión sobre la mesa y apelamos a las instituciones implicadas para que dejen de mirar hacia otro lado.
La solución a esta problemática pasa necesariamente por la participación y el reconocimiento de las mujeres. Ellas tienen que estar en la respuesta, de lo contrario volverán a ser perjudicadas en favor de otros intereses.
Queda mucho que hacer y seguiremos trabajando, en colectivo, con respeto y afecto al ser humano.

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