30 años de muerte y sufrimiento

Manifiesto leído en el acto realizado en Cádiz por la muerte de inmigrantes en Barbate y Melilla (05-11-2018)

Hoy es otro día de luto en la historia de las migraciones en el Mediterráneo. 4 cadáveres recuperados y 17 desaparecidos ayer en los Caños de Meca. Y, también ayer, 13 cadáveres recuperados de una patera cuando trataban de llegar a Melilla.

Es tremendo y empezamos a no encontrar palabras. Por eso estamos aquí para dar nuestro testimonio y encontrar esas palabras.

Es uno más de tantos días de luto desde hace 30 años, cuando apareció el primer cadáver de un inmigrante en las playas de Tarifa. Había naufragado una patera con 23 inmigrantes de los que 18 murieron ahogados y el mar fue devolviendo sus cuerpos poco a poco.

30 años desde el 1 de noviembre de 1988. No fuimos conscientes entonces de que aquel naufragio era el primero de muchos y de que aquella patera inauguraba décadas de tragedia permanente, décadas de muertes y de sufrimiento para miles y miles de personas cuyo único pecado es huir de la miseria y del hambre o de la guerra y las persecuciones.

En estas décadas hemos vivido situaciones terribles que tenían como protagonista la vulneración de los derechos humanos y que nos han llenado de vergüenza.

Habría que recordar la llegada continua de pateras a las costas de Tarifa en la década de los noventa y la persecución a cuantos vecinos querían ayudarles. Nos vienen a la memoria los sucesos racistas de las murallas de El Ángulo en Ceuta en 1995, o el campamento de triste recuerdo de Calamocarro en esa misma ciudad con 2000 personas hacinadas en condiciones infrahumanas. La lista de naufragios con decenas de muertes sería interminable, pero ¿cómo no recordar la patera de Rota en 2003 cuando recogimos decenas de cadáveres en Valdelagrana y otras playas de la Bahía? En 2005 mataron en ambos lados de las fronteras de Ceuta y Melilla a 14 personas, sin que nunca se haya determinado ninguna responsabilidad.

Vivimos en 2006 la llamada “crisis de los Cayucos” con la llegada de miles de migrantes a las Islas Canarias tratados indignamente. Mientras, hemos visto cómo se fueron levantando los nuevos “muros de la vergüenza” en las fronteras de Ceuta y Melilla con sus concertinas criminales en las que el goteo de muertos ha sido continuo. Y el 6 de febrero de 2014 quince personas murieron como resultado directo o indirecto de los disparos de balas de goma y botes de humos de la Guardia Civil sobre personas que intentaban entrar a nado en Ceuta por el Tarajal.

La situación lejos de solucionarse se ha ido agravando. No han aprendido nada. No quieren aprender nada.

Lo hemos visto este año 2018 con la falta de recursos y medios, por el caos y la absoluta imprevisión que ha provocado un trato absolutamente indigno e inhumano a las personas que han llegado a nuestras costas.

Muchas cosas se han ido modificando en estos años. Se implementó por ejemplo el SIVE por todas las costas españolas, tirando millones de euros al mar, pues no sirve para nada. Se desplegaron las patrulleras de Frontex y sus operaciones nombradas con rimbombantes nombres griegos. Cambiaron los métodos para cruzar el mar: de las primeras pateras de madera a las grandes neumáticas, y luego a los frágiles toys en el Estrecho, el uso de motos acuáticas y la vuelta ahora de nuevo de las pateras de madera.

Pero hay cosas que no cambian en esta guerra contra los migrantes. No cambian por ejemplo los reiterados intentos de comprar al régimen de Marruecos para que controle y reprima las migraciones, para que nos haga de gendarme de nuestras fronteras, independientemente de que lo consiga a través de razzias, palizas, muertes, detenciones y deportaciones masivas en medio de una tremenda y creciente vulneración de los derechos humanos.

Pero, sobre todo, no cambia la política xenófoba de gestión de los flujos de las migraciones que solo contempla la represión, el encierro y las expulsiones como únicos métodos de gestión. Pese a su demostrada incapacidad e ineficacia para la gestión de las migraciones, nuestros dirigentes se niegan a reconsiderar las políticas migratorias, como si fuera un dogma como el de la Santísima Trinidad.

Son ineficaces y lo vemos día a día. Pero esas políticas son también las responsables del sufrimiento y de los miles de muertes que desde hace 30 años venimos contemplando sin que se muevan las conciencias. En estos 30 años la APDHA ha podido contrastar casi 8.000 muertos y desaparecidos, que seguramente serán muchos más. Sólo en este año 2018, incluyendo las de ayer, han perdido la vida 629 personas. ¿Cómo es posible que una sociedad democrática pueda tolerar sin pervertirse que miles de personas pierdan la vida cuando llaman a su puerta?

Este triste aniversario de aquellos primeros 18 muertos del 1 de noviembre de 1988 en Tarifa, cuando continua la tragedia como ayer en Barbate y Melilla, tenemos que seguir exigiendo frente a la sinrazón, vías legales y seguras para las personas migrantes. Que no nos engañen, no hay otra forma.

No tenemos ya en la APDHA ninguna confianza en que los gobiernos que sufrimos en Europa y España actúen de acuerdo con los derechos humanos. Por ello luchamos para que la sociedad, la ciudadanía, no permanezca indiferente, no tolere como normal esta situación, no acepte resignada que los derechos humanos sean ignorados en nuestras puertas.

Tenemos que actuar, comprometernos, movilizarnos para que los derechos sean respetados en las fronteras.

¡Basta ya de muertos en el Estrecho! ¡Basta de racismo institucional! ¡Queremos acoger ya! ¡Vías seguras y legales para los migrantes! ¡Por un Mediterráneo solidario!

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