La sencilla raíz de los derechos humanos

Cristóbal Orellana pertenece a la Red Antimilitarista y No Violenta de Andalucía

La sencilla raíz de los derechos humanos es la Paz. No la Paz entendida solamente como ausencia de guerras, sino entendida en su sentido amplio de presencia de la Justicia. Si no hay Justicia con mayúsculas es difícil implementar, desarrollar, defender, hacer realidad los derechos humanos de todos y de todas.

Entiendo que decir esto puede parecer una gran simplicidad. Y sin embargo es conveniente recordarlo una y otra vez para, como mínimo, comprender por qué razón ahora el incumplimiento de los derechos humanos, me refiero a su impúdica y retadora conculcación por parte de los estados y de ciertos actores poderosos que operan en la sociedad, es, además de una constante, un escenario cronificado y llamado a usurpar, precisa y velozmente, el papel de la Justicia.

Quiero referirme, para concretar estas teóricas afirmaciones, al problema concreto que sufrimos los gaditanos y gaditanas en relación con la insistencia del gobierno español de construir en Navantia toda una flota de guerra para el gobierno, en franca dictadura, de Arabia Saudí. Un gobierno saudí que, además, mantiene una injusta guerra contra las actuales autoridades y pueblo de Yemen precisamente por desasirse de su tutela. Según las estadísticas que se publican en los medios de comunicación, este cruento conflicto armado arroja una cifra de víctimas de entre 10.000 muertos (según la ONU) y 50.000 muertos (según The Washington Post). El director de UNICEF para Medio Oriente y Norte de África ha denunciado con toda claridad que 1,8 millones de niños en Yemen, sufren malnutrición, y que 400.000 de esos niños padecen una malnutrición severa que amenaza sus vidas, añadiendo que cada diez minutos, por causa de las enfermedades infecciosas (como el cólera), muere un niño yemení. ¿Cómo es posible que los gaditanos, sabiendo bien quién es el comprador de “nuestras” corbetas y para qué las van a utilizar los militares saudíes, no nos decantemos a favor de los derechos humanos?. El dilema ético y político en el que estamos inmersos ahora, a causa de este militarismo que nos impone Navantia por no haber diversificado hace tiempo sus líneas de producción, es extraordinariamente grave, doloroso y corrosivo para nuestra democracia.

Según la ley española de exportación de armas, que de algún modo es una expresión de la apuesta de esta democracia en defensa de los derechos humanos, no es posible vender esas cinco corbetas que quiere fabricar Navantia a Arabia Saudí. Porque el texto del artº 8 de la “Ley 53/2007, de 28 de diciembre, sobre el control del comercio exterior de material de defensa y de doble uso” es muy claro: “Las solicitudes de autorización serán denegadas y las autorizaciones, a las que se refiere el artículo 4, suspendidas o revocadas, en los siguientes supuestos: a) Cuando existan indicios racionales de que el material de defensa, el otro material o los productos y tecnologías de doble uso puedan ser empleados en acciones que perturben la paz, la estabilidad o la seguridad en un ámbito mundial o regional, puedan exacerbar tensiones o conflictos latentes, puedan ser utilizados de manera contraria al respeto debido y la dignidad inherente al ser humano, con fines de represión interna o en situaciones de violación de derechos humanos, tengan como destino países con evidencia de desvíos de materiales transferidos o puedan vulnerar los compromisos internacionales contraídos…”

Por supuesto, no hay que olvidar que, además de sobre la sociedad gaditana en su conjunto, una gran parte del peso ético y político de esta acción del gobierno español de fabricar una enorme cantidad de armas para la guerra -y para una dictadura como Arabia Saudí- en Navantia recae, sin duda y sin ambages, sobre el PSOE. Es decir, la actitud sumisa del gobierno de Pedro Sánchez ante grandes intereses geoestratégicos en la zona del Golfo Pérsico nos ha hecho comprender perfectamente, por ejemplo también a través de la aprobación de la venta de 400 bombas de precisión para Arabia Saudí, cuál es el contexto, más allá de la gravísima situación de desempleo que se sufre en la provincia de Cádiz, en que se fabricarían las cinco corbetas de guerra para el belicoso aliado de Estados Unidos en esa importante zona de producción de petróleo.

Pero volvamos al principio de esta breve reflexión: ¿podemos olvidar los gaditanos, a quienes se nos conculcan nuestros derechos humanos más elementales, como el derecho al trabajo digno, que la Paz es una exigencia para que nuestras vidas se desarrollen en la Justicia y no en el caos permanente, la guerra y la indignidad humana por los que apuestan los poderosos? Sabiendo que lo que está detrás de este inaceptable proceso de galopante rearme de Arabia Saudí es, además de una carnicería en Yemen, un posible conflicto mundial en la zona del Golfo, ¿podemos volver la espalda a los derechos humanos y resbalar sin más por la pendiente de la destrucción y la inhumanidad de las guerras?

Ciertamente, a los gaditanos y gaditanas se nos ha colocado, a la fuerza, en un callejón sin salida de militarización, desempleo y “frontera sur”. Una humillante situación que, no paradójicamente, quiere ser ahora, saltándose la ley vigente en materia de exportación de armas de guerra, la coartada para dar luz a proyectos de muerte como la fabricación de los 5 barcos de guerra para Arabia Saudí. Si lo consintiéramos sin mostrar nuestra más firme oposición caeríamos por un peligroso barranco de ausencia de Justicia en el sentido amplio que antes mencioné. Más vale que esto no ocurra. Más vale no caer en la trampa que nos tienden: que volvamos la espalda a los derechos humanos, esa sencilla raíz de vida que es la Paz, a cambio de unos pocos jornales.

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