Los derechos humanos necesitan del feminismo. El feminismo necesita a los derechos humanos

Josefina Jiménez Betancor pertenece al colectivo Acción en Red

Ahora se cumple el 70 aniversario de la Declaración de Derechos humanos, hecho de una enorme trascendencia que proporciona una herramienta legal de peso universal en la promoción de su cumplimiento. Hecho que anima a la reflexión sobre su utilidad y posibles límites para la causa del feminismo, es decir el logro de una sociedad libre e igualitaria.

La Declaración reconoce la dignidad[i] intrínseca de toda persona y recoge derechos básicos a todo ser humano para hacer efectivo ese reconocimiento. En su art 2 dice: Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”. Pero esta afirmación general es insuficiente si no se consideran las especiales dificultades que la identidad sexual, de género o la orientación sexual, suponen para el ejercicio de estos derechos. Las políticas e iniciativas sociales orientadas al cumplimiento de los DD.HH. deben atender a estos obstáculos si se pretende que estos derechos sean no sólo un deseo, sino una realidad para TODAS las personas. El artículo 3 de la declaración afirma: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. La violencia de género en las relaciones de pareja o expareja suponen casi la mitad de los asesinatos de mujeres en nuestro país[ii], ¿cómo afrontarla sin cuestionar los modelos de masculinidad y feminidad que alimentan esta violencia?, ¿cómo hacerlo sin advertir el papel que juegan las relaciones de dominación y sumisión en la atención a las víctimas y la rehabilitación de los agresores? ¿No afecta al derecho a la vida y a la libertad de las mujeres, la asignación de las tareas domésticas y de cuidado?, ¿no afecta a la libertad, la imposición de prácticas sexuales no deseadas o la doble moral existente según se trate de comportamientos sexuales femeninos o masculinos? El artículo 4 señala: “Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”. ¿Cómo es posible acabar con la trata en el ejercicio de la prostitución u otras actividades, sin atender a la situación de vulnerabilidad en la que viven muchas mujeres en el mundo por el hecho de serlo? Por lo que se podría concluir que no es posible un cumplimiento efectivo de los derechos humanos sin incorporar la perspectiva de género en su desarrollo.

Pero el feminismo también necesita considerar la perspectiva de los DD.HH. El feminismo corre el riesgo de consolidarse como un movimiento identitario que articula su discurso y demandas en torno a una supuesta identidad femenina, claramente delimitada, que desconsidera la diversidad de mujeres, y hombres existentes, desde una mirada binaria que desconsidera la multiplicidad de factores que interseccionan en las relaciones y situaciones que viven unas y otros. Los derechos humanos nos afectan no sólo porque somos mujeres, sino también porque somos seres humanos, iguales en derechos y deberes. Incorporar la perspectiva de derechos humanos a la causa feminista, supone aceptar unos mínimos universales que han de ser tenidos en cuenta en las políticas e iniciativas feministas que se despliegan. Atender a los derechos humanos obligan a prestar atención en primer término a las mujeres cuyos derechos son más vulnerados (empleadas del hogar y cuidadoras a domicilio, víctimas de violencia, familias monoparentales, en su mayoría encabezadas por mujeres, inmigradas, discapacitadas, en situación de trata o de ejercicio voluntario del trabajo sexual o que son discriminadas en función del color de su piel o apariencia). Obliga a atender a los derechos de las personas que sufren discriminación por causa de identidad sexual, de género o de orientación sexual, que trasgreden los modelos heterosexistas y binarios de mujeres, hombres y personas que no se sienten cómodas con esa rígida diferenciación. Obliga a, por encima de la ideología, atender a los derechos humanos de las trabajadoras sexuales, cuya dignidad obliga a considerar su libertad y decisiones, sin que ello suponga un detrimento en sus derechos. Es el caso de la reciente petición de ilegalización del sindicato OTRAS o de las ordenanzas municipales de inspiración abolicionista, que las expulsa a lugares más peligrosos, al ejercicio en la clandestinidad, a sanciones, persecuciones o expulsiones. ¿Debe el feminismo atender a sus deseos y reivindicaciones sin considerar la vulneración de derechos humanos de trabajadores sexuales y también clientes, que se realizan en su nombre?, ¿no debería denunciar esas vulneraciones aunque se pretenda la abolición de esta actividad?, ¿no suponen una vulneración del derecho a la libertad las continuas peticiones de censura de obras de arte, canciones, novelas en nombre del feminismo?, ¿no son posibles otras respuestas, más allá del punitivismo, para dar respuesta a estas expresiones?, ¿debe el feminismo atender sólo a los derechos humanos de las víctimas y no a los derechos de los victimarios? o ¿se trata de seres humanos cuya dignidad no debe  ser considerada?

De ahí la importancia de la Declaración de DD.HH. Actúa no sólo como inspiradora en el desarrollo de la igualdad, libertad y dignidad de toda persona al margen de su sexo sino también como límite o fronteras que todas y todos hemos de considerar en las iniciativas, denuncias y reivindicaciones que promovemos. Todo no vale.

[i] La dignidad es un concepto escurridizo. Comparto definición hecha por la STC 53/1995: “la dignidad es el valor espiritual y moral inherente a la persona, íntimamente vinculado al libre desarrollo de la personalidad y a los derechos a la integridad física y moral, a la libertad de ideas y creencias, al honor, la intimidad personal y familiar y la propia imagen, que se manifiesta singularmente en la autodeterminación consciente y responsable de la propia vida y que lleva consigo la pretensión de respeto por parte de los demás.”

[ii] Fuente: INE, D.G. para la Violencia de Género y elaboración M. Vaquero /EL MUNDO GRÁFICOS

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