Notas para el debate en la Asamblea de APDHA-Cádiz

Reproducimos las notas que presento nuestro compañero Diego Boza en la Asamblea APDHA-Cádiz que celebramos el pasado 16 de febrero. Las mismas sirvieron de base para el debate acerca de la endiablada situación actual y los restos y tareas que nos plantea a la APDHA (y a los movimientos sociales en general.

Hemos entrado en una etapa aún más dura y difícil que las anteriores. Llevábamos años avisando del crecimiento de la extrema derecha en Europa sin que ese crecimiento se desarrollase, de forma nítida, en movimientos concretos en España. Sin embargo, en las elecciones andaluzas del 2 de diciembre la irrupción de un partido de ultraderecha en el Parlamento de Andalucía ha confirmado estos temores.

En nuestro caso, además, esta irrupción es especialmente preocupante. En primer lugar, porque lo hace en el ámbito directo de actuación de nuestra organización, Andalucía y, en segundo lugar, porque el resultado electoral ha provocado que este partido resulte esencial para el mantenimiento de un nuevo gobierno en la Junta de Andalucía. Este dato por sí mismo, el cambio de Gobierno en la Junta de Andalucía, la Administración frente a la que planteamos gran parte de nuestras reivindicaciones, ya sería suficientemente relevante para nuestra actuación en el futuro. Que, además, ese gobierno venga respaldado por la ultraderecha convierte este nuevo período en especialmente arduo.

La irrupción de la extrema derecha en el escenario político viene acompañada, así mismo, por un movimiento aún más grave, la radicalización del discurso de partidos que, a pesar de estar en nuestras antípodas ideológicas, habían mantenido el respeto a los derechos fundamentales y a las minorías, al menos en el ámbito público, de forma aceptable. Los debates se transforman y se escoran y los planteamientos que antes nos parecían extremistas se aceptan, radicalizándose aún más el escenario social.

Esto tiene una grave consecuencia puesto que se da por válido un discurso en el que se vuelven a poner en cuestión realidades que, mayoritariamente, teníamos asumidas en la esfera pública. Se pervierte el lenguaje y se nos plantea la necesidad de combatir mensajes evidentemente falsos o tergiversados sobre conceptos que creíamos superados.

Los nuevos discursos encuentran dos objetivos esenciales: las mujeres y los inmigrantes. En todo caso, el discurso machista ha tenido rápida respuesta en los movimientos feministas y un desarrollo menos evidente en los partidos del bloque de derechas, más allá de los ultras. Sin embargo, el discurso racista, al no encontrar apenas respuesta dentro de los gobiernos y los partidos de izquierdas, recibe un mayor eco y avanza espacio hasta el punto de condicionar la acción política del Gobierno, como ocurre, por ejemplo, con el apagón informativo sobre la llegada de migrantes. No podemos olvidar la construcción de un discurso que trata de rechazar la memoria histórica para blanquear la dictadura y, bajo el pretexto de la concordia, olvidar a los represaliados y construir una Historia paralela o, mejor dicho, recuperar la Historia contada bajo el franquismo.

Esta situación se produce, además, en un momento especialmente delicado para los movimientos sociales y el activismo. Salvo el movimiento feminista, que es el que se mantiene con fuerza, la mayor parte de los movimientos sociales se encuentran en un punto de hastío, de inactividad, de incapacidad. Eso incluye a una amplia mayoría de organizaciones, los colectivos en defensa de los derechos y, también, a los partidos de izquierda. Es muy probable que esté relacionado. La llegada al poder o la institucionalización de ciertos movimientos de izquierda ha desmovilizado a parte de su masa social y, a su vez, han desilusionado por su incapacidad de encontrar soluciones reales a los problemas de la gente. Todo ello nos sitúa en un panorama de desorientación ciertamente preocupante para los colectivos y entornos en los que nos movemos.

Volviendo a la cuestión principal, podríamos analizar las razones que han llevado a este aumento del voto de la ultraderecha. Las versiones ofrecidas son diversas. Desde la cuestión catalana hasta el debilitamiento del PP pasando por la desmovilización de la izquierda. Por supuesto, también la cobertura mediática, la difusión de noticias falsas, … Pero quizá desde nuestra posición no interesan tanto los motivos que han llevado a esta realidad, sino la propia realidad. Y la realidad es que hay un porcentaje de población que vota ese tipo de mensajes y eso es un reto para una asociación como la nuestra que pretende sensibilizar a la sociedad por la defensa de los Derechos Humanos.

El punto relevante, desde mi perspectiva, es el de valorar cuáles pueden ser las estrategias para debilitar esos planteamientos, para restar fuerza a ese bloque reaccionario. Es evidente que debemos combatir el retroceso de derechos. Así lo llevamos haciendo desde la creación de nuestra Asociación y, específicamente, en los últimos años de crisis en los que el recorte ha sido aún más intenso.

Sin embargo, es necesario trazar estrategias para alcanzar este objetivo. Aquí es donde se plantean las alternativas y los ámbitos de decisión. Podemos seguir incidiendo en nuestro discurso, en rechazar las afirmaciones falsas, en reclamar los Derechos Humanos en los mismos espacios en los que nos hemos venido moviendo. Eso parece necesario e, incluso, imprescindible, pero no sabemos si es suficiente porque no ha servido, hasta este momento, para frenar los discursos de ultraderecha.

La realidad, la dura realidad, es que, a nuestro alrededor, tenemos vecinos, amigos, incluso familiares, que son racistas o machistas, que han blanqueado el discurso de la ultraderecha. Sobre este punto debemos reflexionar.

Hay que combatir ese discurso, pero cómo. Algunos estudios plantean que los mensajes radicales en contra de los planteamientos propios solo sirven para exacerbar aún más las creencias. No sé si puede ser un elemento para tener en cuenta, pero no debemos olvidar que el número de adeptos de la ultraderecha crece y que, más allá de los nostálgicos y los interesados, crece frente a muchas personas desorientadas en esta nueva sociedad.

Desde mi punto de vista, el movimiento de ultraderecha es una reacción del hombre blanco cristiano heterosexual al incremento de la diversidad -sexual, racial, de género, religiosa- que le lleva a perder privilegios. El problema es que, junto a estos grupos dominantes, logran adeptos en otros sectores poblacionales y es ahí donde debemos incidir.

Creo que debemos plantearnos la conveniencia de realizar movimientos, acciones que se salen de nuestro ámbito clásico y que nos permitan aproximarnos a personas y colectivos con los que no trabajamos habitualmente. Debemos seguir manteniendo la pedagogía en los colegios e institutos, pero debemos ampliarla a otros sectores. Debemos trabajar en visibilizar las discriminaciones, seguir trabajando con los colectivos que ven vulnerados sus derechos, pero, también, incidir en la sociedad más allá de nuestros entornos habituales. Debemos luchar por los derechos en espacios en los que, muchas veces, no somos bienvenidos, pero sin perder nuestro discurso y sin realizar concesiones de fondo.

Conviene no olvidar que, además de las cuestiones ideológicas, subyace a estos movimientos que han alcanzado el poder en Andalucía un planteamiento neoliberal que desprecia lo público y pretende privatizar la sanidad y la educación en Andalucía, intensificando las políticas que ya el PSOE ha desarrollado en los últimos 40 años con tan malos resultados en lo económico y en lo social. Frente al fascismo clásico que reprimía las libertades y protegía en lo social, esta ultraderecha ignora lo social y solo busca el beneficio económico de los grandes capitales.

Hay un último reto que se nos plantea y es el de la convivencia de nuestro discurso con el poder ejercido por partidos que se han denominado de izquierdas. Nuestras reclamaciones van a ser siempre contra el poder, lo ejerza quien lo ejerza, pero resultamos especialmente dañinos para aquellos que, en el poder, se sitúan más cerca de nuestros postulados. No serán pocos los que nos exijan silencio ante la deriva política que estamos tomando. Frente a estos creo que debemos tener claro que la responsabilidad de esta situación es mucho más suya, por no haber satisfecho las necesidades e ilusiones de sus votantes y haber decepcionado en el ejercicio del poder, que nuestra. Es por ello que, también frente al poder ejercido desde sectores no conservadores tenemos que mantener el espíritu crítico.

No obstante, debemos ser conscientes de los riesgos de esta independencia y de la posibilidad de que nuestra visión crítica sea aprovechada por los partidos de derecha para desgastar a los representantes públicos de la izquierda. Por eso, puede resultar en cada momento interesante analizar las necesidades y los requerimientos del caso para decidir la mejor conjugación entre nuestra crítica y los riesgos de manipulación de la misma.

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