

En el acto de homenaje participaron la concejala de Servicios Sociales, el Alcalde de la localidad y la compañera Teresa desde la Asociación Cardijn.
Manifiesto
En este día nos encontramos en esta Patera de la Memoria en solidaridad con las víctimas de las fronteras y de las políticas migratorias.
Unas políticas migratorias cuyo dogma (principio inamovible) es el del cierre de las fronteras a las personas que proceden del sur global, que cada vez reprime más violentamente y que cada año matan a miles de personas.
Desde comienzos de este año hemos podido constatar que más de 1.200 personas han desaparecido o perdido la vida en nuestra Frontera Sur. Una cifra que batió todos los récords en 2021 con 2.126 personas a las que cruelmente se les ha privado del derecho a la vida, y otras tantas de las que, según la Organización Internacional de las Migraciones dependiente de la ONU, nunca sabremos nada porque desaparecen por las vicisitudes a las que se tienen que enfrentar durante el camino.
Muchas vidas, vidas sin rastro, que también se pierden en nuestro mediterráneo andaluz: no podemos olvidar que cada año cientos de jóvenes salen en busca de prosperidad también de Argelia y en la mayoría de las ocasiones solo encuentran la muerte.
Una muerte que se ceba especialmente con La ruta canaria y la ruta de levante que se han convertido en las más mortíferas porque los efectos de los acuerdos que nuestro país tiene con Marruecos han hecho que las zonas del norte del país vecino sean cada vez menos inhabitables para quienes esperan en la búsqueda de un futuro mejor.
Esta Patera de la Memoria también nos recuerda a las más de 12.208 personas que, en más de tres décadas, encontraron la muerte en nuestros mares y océanos. En noviembre de 2022 hace 34 años de aquel 1.988 en el que Ildefonso Sena realizara la primera fotografía del primer naufragio documentado, ocurrido en la playa de Los Lances en Tarifa y en el cual perdieron la vida 18 personas.
Personas con sueños, esperanzas y anhelos a las que se las trata como criminales y que sufren en su propia carne el incremento de los discursos de odio, el racismo y la xenofobia y contra las que se dirige un lenguaje belicista y ofensivo (con términos como: ilegal, lucha, oleada, invasión, avalancha) cuando la entrada por un puesto no habilitado –es decir que no sea un puerto, aeropuerto o frontera- no es un delito, es una simple falta administrativa.
Esta patera también nos recuerda que las políticas migratorias y los acuerdos que realizan tanto la Unión Europea como el Estado español vulneran unos derechos universales como es el de migrar que se recoge en el artículo 13 y 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; unas políticas y unos acuerdos en los que no se duda en subcontratar con terceros países el control de nuestras fronteras, impidiendo a las personas el libre movimiento y obligándolas a poner en riesgo sus vidas haciéndonos creer que el movimiento de personas es algo artificial y no una cuestión natural e intrínseca a los seres humanos y sobre todo un Derecho Humano.
Personas que son tratadas como un todo y bajo un mismo mantra, a las que se les impide solicitar protección internacional en las embajadas españolas de sus países de origen o una vez que llegan a territorio seguro, porque se las devuelve inmediatamente o de forma colectiva, aun cuando la legislación internacional lo prohíbe.
Hombres, mujeres, niños y niñas que son tratadas como nada; como nadies; como simples números o estadísticas sin conocer sus historias personales o sus experiencias de vida y en las que están las claves para su protección porque pueden ser vulnerables u objeto de delitos.
Pero no debemos olvidar que esta Patera de la Memoria representa también la humanidad y la solidaridad de pueblos como el de Conil que a pesar de las dificultades que se puedan presentar siempre apelan a la memoria, a la hospitalidad y la empatía.
Este acto no solo sirve para denunciar, sirve también para hacer visible que los ciudadanos y ciudadanas de Conil defienden los derechos de todas las personas sin hacer distinción del color de la piel, del credo religioso, de la edad, la nacionalidad, orientación o identidad sexual o de género… una ciudadanía que apuesta firmemente por la defensa y protección y que cree que todos los seres humanos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos, como recoge el preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos . Unos vecinos y vecinas de Conil que acogen con los brazos abiertos y construyen puentes en vez de muros.
Con actos como el que hoy nos reúne aquí queremos seguir reclamando que se establezca un sistema de acogida a las personas migrantes que garantice un mínimo de dignidad y que, de una vez por todas, se establezcan vías de migración legales y seguras para que no tengamos que seguir conviviendo con la desidia de quienes miran hacia otro lado mientras nuestro Mediterráneo y nuestro Atlántico se convierten en las mayores fosas comunes del mundo.
Hoy también nos concentramos aquí para defender el derecho a la vida de aquellas personas que buscan un futuro mejor para ellas y sus familias y para mostrar nuestro recuerdo y profundo respeto hacia todas aquellas que perdieron la vida en busca de un sueño o un anhelo. Todas aquellas que fueron, son y serán esperanza y sueños, y que desgraciadamente en muchas ocasiones descansan en el fondo del mar o en el desierto porque cayeron durante su camino, o que simplemente ya no pueden descansar, porque desaparecieron sin que sus familiares pudiesen despedirse de ellos y de ellas.
Conil de la Frontera, 30 de septiembre de 2022.





















