Ideas para una Feria

José María Ruiz López, miembro del grupo de Chiclana de la APDHA: Por una feria compartida. ¿Qué se pretende con “ese oscuro objeto de deseo”, es decir, con esa reducción de la mujer a la condición de objeto, o a un “bibelot” que adorna las atracciones feriales?Feria-de-Chiclana

¿Por qué reincidir en los ritos que a fuer de repetitivos no dicen nada?; ¿qué se pretende con los anuales concursos dispersos en variopintas asociaciones para elegir a sus “reinas” jóvenes o infantiles?; ¿de qué se trata?, de seguir una tradición que nadie sabe de dónde viene o imponer un corsé que ajuste el gusto a los que lo imponen. ¿No ofende esa “tradición” a las que no son “agraciadas” con su elección?; ¿qué beneficio obtiene la inmensa mayoría del aparente “beneficio” de una inmensa minoría?; ¿”Cui prodest”, a las “testas coronadas”, o a los que que las coronan? Me pregunto si beneficia a la mujer tal dislate ; si su imagen se refuerza y afianza en la sociedad consumista que las consume. ¿Se prestarían los varones a ser coronados “mister feria”, a ser “‘exhibidos” en los distintos eventos, con su bandas y su cohorte de mancebos de honor?

¿Qué se pretende con “ese oscuro objeto de deseo”, es decir, con esa reducción de la mujer a la condición de objeto, o a un “bibelot” que adorna las atracciones feriales? Se nos dice: es que sería una frustración para nuestras hijas suprimir estos concursos!, me imagino que sería realmente una frustración para todas las que se presentaron y no salieron elegidas! Hagan números y, estoy de acuerdo, cuánta frustración!! Habría que preguntarse, quién se la inculcó; mal andaríamos cuando se premia la lotería genética y no la la belleza de la solidaridad, la hermosura del trabajo bien hecho, la alegría que contagia la que redondea las aristas que nos hacen sufrir. ¿Qué es digno de ser premiado o mencionado en un evento que convoca a la mayoría de un pueblo?… Si nos conformamos con las respuestas mediocres, entonces la mediocridad nos salpica.

Podríamos preguntarnos por qué la feria. Y podríamos rastrear en lo que significaba antaño. Era el momento, la fecha marcada en rojo en el almanaque; cuando todo el pueblo se vestía de gala; cuando queríamos que, incluso nuestras viviendas, se acicalaran y estuviesen guapas; cuando todos íbamos para disfrutar y poner entre paréntesis la monotonía de los grises días. Cuando nos invitábamos y compartíamos porque era los días que teníamos marcados para robárselos a la rutina; aquellos días donde “to el mundo es gūeno”, porque por unos momentos le hacíamos burlas al daño o las malas maneras.

¿No podríamos inculcarles a nuestras hijas o nietos que la feria era única?; y no sólo porque esos días lo eran, sino porque la alegría se asomaba a nuestros ojos y reíamos felices con los otros; ¿no podríamos inculcarles el sentido de lo común, que la alegría o es compartida o no lo es, que a lo sumo se asemejaría a la mueca desganada que dibujan nuestros labios?; ¿no podríamos trasmitirles que compartir es más hermoso que figurar? ¿Para qué me quieren reina y por qué lo quieren? Ni lo sé,.. ni me importa!, una hora o un día de “reinado” en su mundo de ficciones no vale el beso de mis padres o de mis abuelos cuando me ven disfrutar de la feria con mis amigos.

¿Por qué no sustituir tan engañosos, efímeros y equívocos “reinados” por unas “entrevistas” con las abuelas y abuelos y que les cuenten no qué pasó, sino cómo lo pasó y qué significó para ellos la feria?. ¿Qué tal si les proponemos a las niños y niños que nos narren cómo les fue la feria pasada y qué esperan de esta, o qué es lo que más le gusta o fastidia y molesta, o si sus amigos y amigas se divirtieron o… no pudieron ir?

Del mismo modo que en Navidad y Reyes el lema es “ningún niño sin juguetes”, en la feria podíamos reclamar “ningún niño sin atracciones”, porque ¿quién podría, si no, soportar la insoportable levedad de la indiferencia?

¡Por una feria compartida!

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