Ante la muerte de Julián

Se llamaba Julián, era de Salamanca y tenía 50 años. Su aventura vital nos lo trajo a ejercer de “sin techo” en las calles del Puerto. Dicen quienes le trataron, que era una persona afable y poco conflictiva, pese a sus adicciones. Parece que pasó unos días según informa el Ayuntamiento en septiembre y otros más en diciembre en el Albergue Municipal, donde el protocolo establece que no se puede pernoctar más de tres días.

Dicen que escribió una carta a los Reyes para pedir un trastero o algún lugar para no dormir en la calle. Pero su vida oscilaba, como la de tantas personas sin hogar afectados por las toxicomanías, entre la petición de ayuda a organismos oficiales, o a personas voluntarias y el rechazo a regímenes de internamiento que le impedirían obtener y consumir sus dosis diarias.

Murió de frío o de sobredosis, o murió de sobredosis más el frío, lo cierto es que apareció ya cadáver helado entre sus cartones aquí mismo.

Es evidente que algo está fallando. En diciembre murió una persona sin hogar en la calle en Cádiz, que se suma a los tres del año anterior, en parecidas condiciones de abandono y miseria.

Es evidente que algo está fallando. Es obvio que faltan recursos, que los protocolos de los Albergues Municipales creados para transeúntes no responden a la realidad de estas personas y sus necesidades.

Entre las personas de la calle, los hay que desean vivir bajo techo que no encuentran y nadie les ayuda a encontrar; otros prefieren seguir por las razones que sean en la calle. Y muchos de ellos rechazan que los recluyan en un lugar reglamentado donde ellos sienten que se restringe su libertad. Y tienen derecho a ello. Y los jueces les dan la razón. La acción de la administración no puede tener como principal objetivo su inhabilitación para retirarlos de las calles.

Honra a nuestro concejal de Bienestar Social que se haya preocupado personalmente y haya acudido a visitar y socorrer a Julián. Eso es importante, pero es evidente que hacen falta recursos, centros de baja exigencia y sobre todo equipos de calle que los atiendan profesional e integralmente en el propio sitio donde están.

Así que aquí estamos hoy. Para recordar a Julián y su afabilidad. Para recordarlo como buena persona y dolernos de su muerte.

Pero también para indignarnos profundamente. A veces es inevitable que sucedan estas desgracias, pero siempre nos quedará la duda de si de verdad hubiera recursos suficientes para las personas desfavorecidas y en concreto para las personas sin hogar, la muerte de Julián se podría haber evitado.

Lamentablemente este sistema es cada vez mas mortífero. Esta vez le tocó a Julián, como les tocó esta mañana a dos porteadoras en Melilla y otras dos la semana pasada en Ceuta. Son cosas distintas, pero tienen un patrón común, que las políticas y los recursos necesarios para intentar evitarlas están en manos de gente inhumana, cruel y corrupta, que prefiere rescatar autopistas y bancos antes que atender a las personas.

Ellos son los victimarios y los responsables últimos de todas estas muertes.

Gracias por venir a recordar aquí hoy a Julián

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