El Búnker

El búnker. Lorenzo Benítez (1)

Manifestación ayer día 30 de julio en Cádiz

Manifestación ayer día 30 de julio en Cádiz

A principios de 2009 estuve en Sderot (Israel), justo después de la anterior masacre de Gaza, en la Operación Plomo Fundido. Es terrible construir un búnker en tu casa, una sala de estar de hierro y hormigón, amablemente decorada y equipada con un ordenador y un diván, por si suena la alerta de los cohetes de Hamás, procedentes de Gaza a cinco kilómetros. Llegar en autobús, al caer la noche, confirió a la visita un aire más áspero. Caminamos por una rotonda desierta llena de banderolas. Había un socavón a un lado, efecto de un impacto reciente que no mató a nadie. Pero a veces aciertan. Esos cohetes alimentan el miedo hasta la barbarie, igualmente cultivada por el sionismo en las generaciones posteriores al Holocausto. Es el síndrome del maltratador que fue maltratado en su infancia y a través del trauma y el víctimismo justifica la ferocidad de sus actos. La terapia colectiva no aspira a la superación sino a multiplicar los efectos del miedo y el odio. No hay una memoria histórica sanadora, preventiva y saludable, sino anclada en el sufrimiento, transmitida de viejos a niños como un castigo eterno del que deben defenderse. Aunque sea de forma inhumana.

Por ser extranjeros, en el autobús, en el restaurante desangelado donde cenamos, éramos sospechosos de no ser amigos. Distancias, silencios y miradas torcidas. Todo lo que viene de fuera se intuye como una amenaza. ¿Quién quiere viajar a un lugar donde caen bombas? La conspiración del mundo se concentra en el forastero. O estás conmigo o eres antisemita. Fuimos a entrevistar a una mujer que se opuso públicamente, a través de medios internacionales, a aquella matanza. La consideraban una traidora. Sufría mucho, dentro de un pueblecito donde se celebra el bombardeo de sus vecinos. Recuerdo Sderot con ahogo. Aquella mujer participaba en un intercambio amistoso -contactos por

Internet- con palestinos de Gaza y de recogida de juguetes para los niños sitiados. Pese al trauma de los cohetes -un estrés límite- deploraba la reacción de su Gobierno. Se atrevía a decir que Israel estaba gobernado por una panda de fascistas. Estaba sola, salvo contadísimas amistades. Desde una loma de Sderot hay quienes celebran los bombazos que matan a decenas de niños.

Lo hacen en directo. Incluso vigilan lo que dice la corresponsal de la CNN. La tragedia más compleja es el odio y la deshumanización absoluta del otro. La muerte de la empatía para así maquillar un genocidio. Puede que estemos ante esa banalidad del mal sobre la que reflexionó la filósofa judía Hannah Arendt tras asistir a un juicio contra un criminal nazi. Vean la película. Hay analogías espeluznantes respecto al exterminio de la población de Gaza.

(1) Lorenzo Benítez es miembro del grupo de solidaridad de la APDHA en Cádiz

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