Manifiesto de la Concentración contra la violencia machista en Zahara

Ayer sábado se convocó una concentración en Zahara ante las agresiones sexuales sufridas por una vecina de la localidad en la Feria de Vejer para apoyar a la víctima, exigir medidas de alejamiento y sensibilizar a la población. Este es el manifiesto que se leyó en la misma

Ha sido a raíz de conocer la sentencia por el caso de ‘La Manada’  el pasado jueves 26 de abril, en el que el delito cometido se ha considerado como abuso sexual y no violación, que ha generado una ola de indignación que recorre todo el país protagonizado principalmente por el movimiento feminista.

Esto nos lleva a estar especialmente sensibles y atentas a cómo se está procediendo en estos casos, y a la necesidad de analizar y tomar en cuenta las exigencias y llamamientos que la sociedad está reclamando. Ante ello, queremos expresar;

Que se ha puesto sobradamente de manifiesto la imperiosa necesidad de modificar, después de un profundo y sosegado análisis, un sistema penal que se demuestra reiteradamente androcéntrico y con graves sesgos sexistas.

Hay que eliminar la palabra “abuso” en el Código Penal para referirse a las relaciones sexuales no consentidas. Porque llamar a cada cosa por su nombre es importante. Llamar abuso para referirse a relaciones sexuales no consentidas parte de una concepción de la mujer como un objeto que puede ser usado con el fin de dar placer al hombre, y sólo si hablamos de un exceso en este uso (abuso) lo consideramos delito. Esto mantiene una idea de las mujeres como objetos cuando se trata de nuestra vida y nuestras prácticas sexuales, y las mujeres nos sabemos y así nos reivindicamos como sujetos autónomos y libres en lo sexual y en todos los ámbitos de nuestra vida. No somos objetos de usos y abusos.

Que se llamen a las cosas por su nombre, y una violación es una violación. Y eso implica a que se dote a nuestra voz y nuestra voluntad, nuestro Sí y nuestro No, de su significado real, teniendo en cuenta que cada mujer reaccionamos de modo distinto ante un ataque, con estrategias diversas que puede pasar de la resistencia física hasta la pasividad, y estas diferencias en nada modifican o condicionan nuestro no consentimiento.

Las víctimas requieren protección, pero también aquí las respuestas fallan. La legislación actual contempla diversas posibilidades de protección, pero dichas medidas son a veces infrautilizadas por los Juzgados o no existen medios suficientes para ponerlas en práctica. Los protocolos de protección no pueden ser el mismo para todos los casos. Es necesario poner en el centro las necesidades reales y los sentimientos de la víctima, hacer un esfuerzo para adecuar los recursos a sus circunstancias concretas y aportando los instrumentos necesarios para una protección real. Esto requiere situar a la denunciante en el centro, como agente activo de su protección y recuperación, porque las mujeres podemos ser víctimas de violación, pero no por ello incapaces de saber qué necesitamos para sobreponernos y sentirnos protegidas. Por ello, es urgente un cambio en el modelo de actuación y por supuesto una mayor dotación económica.

Exigir al Gobierno que cumpla su compromiso de destinar 200 millones a la erradicación de la violencia de género. No se puede acabar con este grave problema social sin dedicar los recursos necesarios a educación, a prevención y a atención de las víctimas de esta execrable violencia. No podemos olvidar tampoco que la vía judicial no es la solución; el Juzgado siempre opera cuando el daño ya está hecho, cuando el delito ya se ha cometido. La solución pasa por toda la ciudadanía, por todas las administraciones, medios de comunicación… Y sobre todo por la educación en todos los ámbitos. Si la educación y la sensibilización fallan, podemos estar seguras que esto no cesará.

No permitir de ningún modo intento alguno por desplazar la responsabilidad y la culpa a la conducta de la mujer, como ocurre con frecuencia, cuando nos recuerdan que somos nosotras las provocadoras de todo lo que nos hacen.

Para terminar, un mensaje de apoyo a todas las víctimas de violación con el que mostrarles que el miedo no va a impedirnos a ninguna mujer disfrutar de las fiestas, los espacios públicos y las relaciones. Mujeres libres y alegres, que disfrutamos del sexo y de la vida, así nos queremos y por eso exigimos un compromiso social y político que garantice el disfrute de esta misma libertad.

 

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