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Tras los atentados de París

Una reflexión de la APDHA sobre terrorismo, libertad versus seguridad, guerra contra el terror y guerra sin más, islamofobia, inmigración y personas que buscan refugio…

LA APDHA TRAS LOS ATENTADOS DE PARÍS
todos-somos-paris-680x365_cEs obligado decir que las personas que formamos parte de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, hemos sentido con inmenso dolor la muerte de decenas de personas en París por el salvaje atentado terrorista.
Ante situaciones terribles como la vivida en París es necesario el rearme moral de la sociedad y la exigencia de que el Estado ponga en marcha todos los mecanismos legales y democráticos para proteger a la población de atentados como el vivido el pasado viernes 13. Se debe hacer justicia con todos los que han cometido directamente este ignominioso ataque o han colaborado con el mismo.
Rearme moral que nos demanda también la olvidada solidaridad con las víctimas del terrorismo que sufren a diario las poblaciones de otros lugares del planeta, como el mismo día 13 en Líbano o más recientemente en Bamako. Tenemos la sensación que, como por desgracia ocurre siempre, hay víctimas de primera y víctimas de segunda o tercera.
Es obvio que estamos ante una ideología tóxica con un enorme potencial destructor que golpea sobre todo a las propias poblaciones musulmanas que son las principales víctimas del terrorismo que practica el islamismo fanatizado
Y en ese rearme moral al que aludíamos es imprescindible analizar la génesis de esos grupos fanatizados, cuyo mayor exponente es el Estado Islámico. Y en este orden de cosas es obligado señalar con claridad y contundencia la responsabilidad de los propios países occidentales en el surgimiento y consolidación de estos grupos terroristas. En primer lugar porque han mirado para otro lado o los han armado directa o indirectamente en función de sus intereses geoestratégicos en la zona. En segundo lugar porque han puesto en marcha intervenciones militares como la de Afganistán, Irak o Libia, que -además de miles de muertos y enormes sufrimientos- han provocado la radicalización de sectores muy importantes de las poblaciones que han acabado por engrosar las filas de Daesh o Al Qaeda.
En tercer lugar porque se ha permitido e incluso se han animado la actual deriva de la guerra en Siria, en la que intervienen demasiados países cada cual defendiendo sus propios intereses y que ha provocado más 200.000 muertos y el mayor éxodo de refugiados de la época reciente.
Parece, sin embargo, que treinta años de agresiones militares en la zona, por no remontarnos a la creación del Estado de Israel, no han servido para que los gobiernos occidentales aprendan nada. O lo que sería pero, que les interese que esta situaciones de caos, muerte y destrucción se perpetúen. De ahí que Francia incremente su acción militar vía bombardeos en las bases de Daesh.
No es la respuesta, porque mucho nos tememos que de cada bomba surjan nuevos radicalismos fanatizados, que cada bomba alimente el más feroz terrorismo.
Pero sería unilateral considerar que estos grupos surgen y se alimentan tan sólo de las intervenciones de EE.UU. y Occidente en general. La rivalidad regional entre Arabia Saudí e Irán es otra fuente de extremismos y violencia, alimentados además por los conflictos religiosos. No cabe duda que por ejemplo ese aliado de occidente llamado Arabia Saudí, es una fuente de odio y de expansión de la versión más radical y violentadora de los derechos humanos. Su papel en la génesis y financiación de grupos como Daesh o Al Qaeda es cada vez más obvia.
La prioridad es defender la vida y los derechos de las personas. Combatir a ISIS o Al Qaeda no sólo por los atentados de París, sino porque la mayoría de las personas que sufren la violencias de ISIS no viven en París, sino en Siria, en Irak, en Kurdistán ¿y qué hacemos para defenderlos?
En este sentido hay medidas que cruelmente no se toman porque hay poderosos intereses que las impiden.
Señalar por ejemplo el suministro de armas a todos los contendientes, que llevan a cabo precisamente los principales países del Consejo de Seguridad. Otro tanto cabría decir de la permisividad con el tráfico de petróleo a través de Turquía, interesada por demás en limitar y atacar a las fuerzas kurdas del YPG. Apoyar por cierto un estado laico en el Kurdistán (hoy tema tabú) sería otro paso en ese sentido de paz y lucha contra el terrorismo. Poner en cuestión la alianza con Arabia Saudí es también imprescindible. Lo mismo puede decirse de cortar las fuentes de financiación y seguir la pista de las transacciones financieras que protege el secreto bancario de paraísos fiscales. O de resolver la guerra en Siria mediante un plan de paz buscando un acuerdo de todos los agentes implicados.
No podemos permanecer pasivos. Pero la guerra y los bombardeos no son la solución. Hay otras medidas y otras posibilidades que no interesa poner en marcha.

En todo caso, los atentados de París nos retrotraen a cuestiones que se refieren a ese rearme moral del que hablamos al comienzo. Porque afecta sobre todo a la calidad democrática de las sociedades que quisiéramos ser. Hay muchas tentaciones muy peligrosas desde ese punto de vista democrático y respetuoso con los derechos humanos
Una primera tentación que nos preocupa enormemente es el recurso al recorte de libertades ciudadanas en la búsqueda de una hipotética mayor seguridad. Se trata de la recurrente, y a nuestro modo de ver falsa, dicotomía entre libertad y seguridad. Falsa porque no hay seguridad si no es para el servicio de la democracia y las libertades. Falsa porque el recorte de libertades no proporciona más seguridad, sino menos democracia y más argumentos a los terroristas.
Los pasos que están dando los estados en el sentido de recorte de los derechos cada vez son más aventurados. Han demostrado su inutilidad y han demostrado el peligro que tienen de vaciamiento del estado de derecho. Para la APDHA, ley mordaza mediante, hay que oponerse con toda contundencia a los recortes de derechos y libertades con la excusa de la lucha antiterrorista
También nos preocupa la tentación, que no es tentación sino realidad concreta por parte de los hombres de negro de la UE y los dirigentes de sus estados, de establecer una relación directa entre el flujo de refugiados e inmigrantes y las acciones terroristas.
De ahí que se justifiquen de forma inmediata la elevación de los muros, el levantamiento de fronteras internas, la lucha contra la inmigración “ilegal”, el rechazo a los refugiados, la exigencia de expulsiones masivas… El problema es que esos mensajes son ya moneda corriente entre los actuales dirigentes europeos. Y ello puede llevarnos a una ola de xenofobia que puede extenderse y echar raíces en Europa. De ahí al nazismo median pocos pasos.
Finalmente queremos referirnos a otra tentación que nos gustaría no tener que referenciar. Nos referimos al creciente cuestionamiento de la sociedad multicultural, a la criminalización de todos los musulmanes, el crecimiento de la islamofobia, el racimo y la xenofobia. Y tenemos que volver a insistir: islam no es sinónimo de terrorismo, del mismo modo que no lo es el cristianismo.
El recurso a la guerra, el vaciamiento del estado de derecho, el rechazo de inmigrantes y refugiados y el racismo y la xenofobia, pueden ser si no lo remediamos, parte del escenario de la Europa de los muros y de los capitales. Acabando así con el sueño europeo de construir entre todos los pueblos un espacio, de paz, de derecho y de solidaridad.

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