No son casos aislados: es violencia racista institucional

Autoría: Dévika Pérez Medina, Área de Migraciones de la APDHA

El pasado 17 de junio, Abderrahim murió asfixiado en Torrejón de Ardoz a manos de un agente de policía fuera de servicio. El agente le aplicó una técnica de estrangulamiento —el conocido “mataleón”— expresamente prohibida en numerosos países por su letalidad y desproporción. Lo hizo mientras acusaba a la víctima de haberle robado el móvil. Según testigos presenciales, el agente inmovilizó al joven durante varios minutos, ignorando las súplicas de quienes le advertían que lo estaba matando. La víctima murió esa misma tarde.

Este caso no es una excepción. En diciembre del año pasado, Mamouth Bakhoum perdió la vida en Sevilla tras una persecución policial de casi dos kilómetros que culminó con un cercamiento. Ante el acoso policial, la víctima se arrojó al río en un intento desesperado de huida. Se ahogó. El caso, como tantos otros, fue rápidamente archivado por los tribunales y clasificado como una “desgracia” puntual.

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