Manifiesto Día Internacional de las Personas Refugiadas.

Leído al final de la manifestación desarrollada hoy 20 de junio en Puerto Real

Día Internacional de las personas refugiadas. La APDHA llama a la movilización social

La Asamblea General de Naciones Unidas acordó en el año 2000 celebrar cada 20 de junio el Día Internacional de las Personas Refugiadas.

Dieciocho años después, la realidad es que este Día sirve sobre todo para evaluar y constatar cómo se degradan año tras año los derechos humanos.

Más de 65 millones de personas desplazadas en el mundo; un número que no para de crecer por las guerras y conflictos, por la hambruna o por los efectos del cambio climático. Pero la mayor parte la soportan los países empobrecidos. Sólo una pequeña parte llama a las puertas de Europa.

Una Europa cerrada a cal y canto en la que observamos consternados como los valores éticos y humanitarios van desapareciendo a una velocidad aterradora. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos señalamos una y otra vez la hipocresía y el incumplimiento de las legislaciones por parte de los distintos gobiernos.

Vemos además con inmensa preocupación la degradación social que supone asumir indiferentes el horror de naufragios, el rechazo de los Gobiernos a operaciones de salvamento, las devoluciones en caliente, la criminalización de cooperantes, los encarcelamientos y maltratos a los migrantes, la aparición de la trata de esclavos a cargo de mafias que controlan las costas libias y un largo etcétera de crueldades. Todo presentado por los gobiernos como inevitable porque de lo contrario, dicen estos gobiernos sin alma, nos invadirán y destruirán Europa.

Este mensaje racista y xenófobo es el discurso que los gobiernos han comprado a la ultraderecha, que cada vez tiene más influencia e incluso poder en muchos países europeos. Lo que está poniendo en cuestión el futuro de Europa son precisamente esas políticas migratorias de represión, criminalización y rechazo. Lo que va a acabar con la Europa de las libertades es el crecimiento del fascismo, el racismo y la xenofobia.

Aquí, justo en nuestras costas, estos días atrás han llegado más de 1.500 personas a Andalucía, dejando en el camino 4 cadáveres y 43 desaparecidos.

Con ello se ha más que duplicado el número de llegadas respecto al mismo período del año anterior, pese a lo cual ni se puede hablar de avalancha ni de masiva llegada, pues son cifras perfectamente asumibles y gestionables por un país con 47 millones de habitantes y que es la cuarta potencia económica de la UE.

Lo peor sin embargo es el trágico balance de muertos y desaparecidos que se ha multiplicado por más de cuatro, pasando de 66 muertos entre enero y junio de 2017 a los 275 en este mismo período de 2018.

Se trata de un drama insoportable, una situación tremenda que ha sido propiciada por el cierre de las rutas por Turquía y Libia, con episodios tan canallas como el del buque “Aquarius” por parte del protofascista gobierno italiano. A lo que se ha sumado en nuestras costas la falta de previsión por parte del gobierno, el caos, falta de medios y maltrato a la dignidad de las personas que han llegado.

Las organizaciones sociales que actuamos en el ámbito de la inmigración hemos reclamado reiteradamente que la única vía para una solución eficaz y respetuosa con los derechos humanos es una reconsideración en profundidad de las políticas migratorias y de asilo implantadas hace 25 años. Políticas que no sólo provocan mucho sufrimiento y muchas muertes, sino que además son absolutamente ineficaces para el objetivo que dicen pretender: la falacia de “una inmigración legal y ordenada”. Precisamente de eso se trata: las ONGS reclamamos que ese cambio de rumbo de las políticas migratorias sea para proporcionar vías legales y seguras para la inmigración y para las personas refugiadas.

Hay que aplaudir gestos que alivian la vida a muchas personas, como el de la acogida de las personas rescatadas por el “Aquarius” por el gobierno de España, que ha puesto a la Unión Europea ante su propio espejo; o la recuperación de la sanidad universal; o la retirada de las concertinas, evitando el sufrimiento a tantas personas… Pero además reclamamos gestos como que se ordene de inmediato la paralización de las devoluciones en caliente y se acepte la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos al respecto. O la dotación urgente de medios suficientes en las costas andaluzas para una acogida digna, soportada ahora por la buena voluntad de algunos ayuntamientos y de aquellas ONGs que disponen de dispositivos de acogida.

La situación actual no puede continuar. La vía no es la represión y el rechazo, la vía es la acogida digna y solidaria. Es responsabilidad de las administraciones, pero también es necesaria la sensibilidad y solidaridad de la sociedad. Tenemos que seguir exigiendo que se respeten los derechos humanos en las fronteras y que de una vez por todas dejen de morir personas en nuestras costas por políticas inhumanas y crueles.

Del mismo modo que tenemos que apoyar al pueblo palestino en su reclamación del derecho al retorno de sus refugiados que tuvieron que fueron expulsados de sus hogares por Israel en 1948, los más antiguos refugiados del mundo moderno.

Por ello la APDHA llama a la movilización social

El martes día 26 volveremos a salir a la calle, esta vez en Cádiz, con una manifestación que culminará unos días con un intenso programa en apoyo y solidaridad con la Flotilla de la Libertad, que recalará en Cádiz Rumbo a Gaza con el objetivo de romper de forma pacífica y no violenta el bloqueo al que está sometida la franja y alertar de una emergencia humanitaria provocada por Israel ante la que ni la propia Asamblea de Naciones Unidas parece ser capaz de reaccionar.

Ese fascista que gobierna EE.UU. se ha retirado del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Porque para él la declaración universal de los derechos humanos es papel mojado. Por eso no duda con toda crueldad en separar a los niños de sus familias en la frontera con México. Hoy EE.UU. dirigido por Trump se ha convertido en el mayor peligro para la paz y los derechos humanos en el mundo.

Poca reacción cabe esperar de los gobiernos europeos. Por ello es imprescindible la reacción comprometida y la movilización social. Animamos pues a manifestarnos el próximo martes día 26, a las 7 de la tarde en la Plaza de San Juan de Dios de Cádiz.

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