¿El drama de los exiliados en primera página de los periódicos, pero, por cuánto tiempo?

Lena Michardiere

En Europa, los recientes naufragios el 14 de abril y en la noche del 18 al 19 de abril, que causaron al menos 1.100 muertos, despertaron la consciencia de los políticos y de los medios de comunicación europeos, pero ¿por cuánto tiempo más? Estos dramas en el mar Mediterráneo se repitieron estos últimos años sin que nada cambie.

Porque desde los acuerdos de Schengen en 1985, la prioridad de la Unión europea en cuanto al tema de la inmigración, es el cierre de las fronteras externas, más vallas, más muros, más represión. ¿Para qué? “La valla de por sí sola, no detiene a nadie. Nadie puede parar a un hombre que ha hecho un camino de 1000 km”1. Y eso sí es una certeza, porque la experiencia muestra que las fronteras que se cierran, no hacen desaparecer los flujos migratorios, sino que solamente les desplazan, convirtiendo este éxodo en un camino siempre más largo y siempre más peligroso, fomentando el comercio de la trata humana. La frontera de Melilla y de la provincia de Nador es una de las que siempre se plantean por las personas exiliadas que buscan una puerta de entrada a la Unión europea.

José Alonso, abogado y miembro de la Asociación Pro Derechos Humanos de Melilla, me contó que ha vivido a lo largo de los años la creación de esta frontera física. Nos explica que la primera valla, no muy alta, se instaló en 1972 con la excusa de la epidemia de cólera en Marruecos; era una valla pequeña que se podía saltar fácilmente. Pero en 1996 se construye la primera valla de 3 metros, elevada después a 6 metros, aparecen las concertinas combinadas con cuchillas para disuadir a los migrantes que intentaran pasar al lado español. Afortunadamente este sistema, cruel, fue denunciado por asociaciones y ONGs. Incluso la propia UE presionó para quitar ese artefacto de muerte… para instalarlo en la valla del lado marroquí. Después de todo, Marruecos no es un país europeo y entonces lo que hace no es de nuestra responsabilidad.

¿A quién se dirigen los discursos de los políticos? ¡A nosotros, ciudadanos europeos! ¿Y a qué se refieren cuando hablan de la inmigración? Pues hablan sólo de seguridad. Pero los primeros que necesitan seguridad, son los que huyen de las guerras, de los desastres naturales o de la pobreza y no los que viven en los países más ricos del mundo. Sí, estamos en plena crisis económica y cada país europeo conoce sus propios problemas. Pero hay que romper esta ilusión que crean los políticos y los medios de comunicación alrededor de las personas que intentan llegar a Europa. No son amenazas, y más allá de esto, son seres humanos. Tal como a nosotros, la declaración universal de los derechos humanos de 1948 se aplica a ellos. Y es pertienente recordar una vez más dos de sus artículos.

Artículo 13.

  1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado

  2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país

Artículo 14.

  1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier

Llevamos décadas escuchando a los gobiernos que pretenden protegernos de estas “oleadas migratorias” y que sienten una profunda compasión para las víctimas de esta guerra de fronteras. Pero no cambiará nada si nosotros, ciudadanos europeos, seguimos escuchándoles y esperando que resuelvan el tema de la inmigración. De nuevo hay que indignarse, hay que entender que esta gente que lucha para una mejor vida no es una amenaza, hay que integrarlos a nuestra sociedad, hay que ser conscientes de nuestra responsabilidad. Porque los pasaportes son solamente de papel, porque todos somos seres humanos y no vale decir que no hay lugar para ellos.

A través del mundo entero existe gente que lucha contra la injusticia, y en Melilla vive un hombre en particular, símbolo de esta resistencia, José Palazón, presidente de la asociación Prodein. Sigue denunciando la situación de los migrantes en la frontera de España y Marruecos, aguantando las presiones de los que no quieren que se haga visible esta realidad. Cuando le pregunté cuál sería para él la solución “ideal” en cuanto a este tema, me dio una respuesta muy realista: “Una frontera normal como en cualquier otro lugar”. Añadiría, une frontera igualitaria para todo el mundo, para que se recibiera las solicitudes de los que quieren entrar al territorio, que se tome en cuenta las dolorosas historias que les llevaron a hacer este largo viaje. De nuevo, no son una amenaza, tampoco criminales, todos tenemos los mismos derechos. Y por eso tenemos que indignarnos juntos, porque los que pueden cambiar las cosas somos nosotros, somos la sociedad civil, y al juntarnos todos y todas, tenemos el poder de cambiar las políticas.

1  Juan Antonio Martín Rivera, subteniente y portavoz de la comandancia de la Guardia Civil en Melilla en la película documental francesa Les Messagers.

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