La mecánica naranja

Lorenzo Benítez.

El Teofilato es fruto del teofilismo, estadio superior a los bajos del Carranza, un populismo diferente, único, como todos los populismos, ya sea en Venezuela o el centro de mayores Micaela Aramburu. Su éxito se mide por el nombre de una persona y su capacidad de generar clientelismo y confortelas, más allá de sus méritos o fracasos. Ser teofilista, felipista, castrista o peronista, como se puede ser de un equipo de fútbol. Sin más, por devoción. A estas alturas del Teofilato hay quienes no saben si ganar Cádiz con sentido común, si en Cádiz sí se puede mover algo, qué hacer con 45.000 abstencionistas o si todo queda de Puertas de Tierra para dentro. Todo eso partido por la edad media del cuerpo electoral, más la apertura de rotondas por el forro y cuatro cositas más, Podemos quedarnos igual mediante Ciutatants. ¿Qué le pedirá Albert a Teófila para apoyar un pacto de gobierno? ¿Unos estudios de cine en los depósitos de Tabacalera? ¿Más hoteles? ¿O pedirá que se vaya de la presidencia de la Zona Franca tras la condena de un ex delegado del PP por corrupto?¿Apretará Albert a Teófila como aprieta a Susana en lo de Manuel? ¿Vendrá de Barcelona a enseñarnos a pescar? La nueva derecha se viste de limpio y naranja de telefonía móvil. Tienen una marca aséptica y sintonía de fin de permanencia, de esas que descuelgas a la hora de la siesta para que cambies de contrato. Mientras la izquierda gaditana a lo suyo; balcanizada y sin visos de entenderse, más por conflictos personales que otra cosa. Así que gracias por ponerlo todo un poco más difícil.

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