Crónicas palestinas 7: Conocer Jerusalén bajo la mirada sionista es una trampa

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Detenemos el “Autobús contra los muros” en Jerusalén, una parada contundente por la negación de la historia y el acceso palestino.
El reclamo turístico de la ciudad se convierte en propaganda sionista, excluye a las personas palestinas, les niega su realidad y oportunidades de desarrollo.

Solo un 6% de la población palestina tiene permiso para acceder a Jerusalén. La ciudad se divide entre la zona Este (que incluye la ciudad vieja y a la que fueron desplazados las personas palestinas) y la zona Oeste, resultado de la expansión de la ciudad por la presencia de internacionales desde la época del protectorado británico, siendo esta la parte que más inversiones económicas y de mantenimiento recibe, un 80% frente al 20% en la zona este.
La soberanía se propuso según la resolución 181 de la ONU, al ámbito internacional, pero finalmente se la anexó Israel a partir de 1967, generando un nuevo incumplimiento de los acuerdos asumidos. Observamos como el territorio está plagado de controles militares, policiales y civiles del estado israelí. La presencia armada hasta los dientes en la ciudad vieja se complementa con un dispositivo de cámaras, micrófonos y sensores destinados a establecer un control total sobre las personas que se mueven en el territorio. Son específicamente las personas palestinas las que además de ser controladas, se encuentran hostigadas. Sufren una violencia apabullante que contrasta con las grandes masas de turistas que acuden diariamente a la ciudad.
El reclamo turístico se utiliza groseramente para contar la historia desde una perspectiva manipulada y contraria a la realidad. Los tours que se desarrollan por la ciudad vieja excluyen deliberadamente las calles en las que se concentran los negocios y viviendas habitadas por personas palestinas. La línea oficial de la propuesta sionista conduce a los grupos a rutas que no paran en comercios palestinos y pensados para que el consumo se dé exclusivamente en la zona israelí. El resultado pretende el cierre de comercios palestinos y favorecerse de las expectativas de crecimiento del sector turístico previsto en los próximos 30 años. Se puede observar como fuerzas de seguridad impiden a los visitantes acceder a calles específicas con una falsa alerta de seguridad.
Además de la situación visible en las calles, el relato construido busca generar división entre las comunidades en la ciudad, de manera falsa e interesada, para justificar la propuesta política sionista. Esto es fruto del colonialismo occidental que se remonta a los tiempos del protectorado británico.
En la ciudad vieja se desarrollan expresiones exacerbadas del nacionalismo israelí como una estrategia para confundir a los visitantes y reclamar el espacio como propio, devaluando la diversidad simbólica y religiosa.
Las acciones de hostigamiento por parte de los colonos sionistas hacia las personas palestinas musulmanas en la ciudad vieja son una provocación cruel e interesada, que tienen como único objetivo ejercer la violencia con total impunidad. El ejercito protege a los colonos en estas acciones, no reacciona cuando estos agreden a las personas palestinas delante de sus narices, practicando detenciones y castigos exclusivamente a palestinos.
Es necesario rescatar la historia negada, poder acceder a los espacios donde los relatos palestinos se cargan de sentido, observando la degradación de sus barrios, la ocupación de casas para acosar a las familias que resisten a través de la permanencia en la ciudad. Sentir el control y el agobio opresivo de las armas, cámaras y violencia.
Conocer Jerusalén bajo la mirada sionista es una trampa de la que es necesario desprenderse. La memoria, la justicia y verdad son necesarias tanto para las personas palestinas como para quienes merecen no ser instrumentalizadas en favor del proyecto sionista.

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