
Andalucía, 20 de febrero de 2026. Cuatro años después de la invasión rusa, la guerra en Ucrania sigue desgarrando vidas, ciudades y comunidades enteras. Lo que para los gobiernos son cifras, para millones de personas es una eternidad de sirenas, frío, miedo y separación. Detrás de cada número hay un rostro, una familia, una vida rota. No aceptamos que ese sufrimiento sea normalizado.
1. Contra toda invasión, contra todo imperialismo
La agresión rusa violó el principio fundamental que sostiene cualquier convivencia internacional: ningún Estado tiene derecho a imponer sus fronteras por la fuerza. Rechazamos sin matices esta invasión y toda lógica imperialista, venga de donde venga. Ni Moscú ni Washington pueden decidir el destino de otros pueblos.
2. El pueblo ucraniano tiene derecho a defenderse
Negar ese derecho desde la distancia es una forma de violencia. Rechazamos la guerra, pero también rechazamos la idea de que un pueblo deba rendirse ante una tiranía. Defender la soberanía ucraniana no es militarismo: es reconocer la dignidad de quienes resisten bajo las bombas, de quienes han visto su vida reducida a refugios, apagones y despedidas sin retorno.
3. La solidaridad empieza por escuchar a quienes luchan
La izquierda ucraniana —sindicatos, feministas, movimientos sociales— existe, resiste y propone. Su voz desmonta la caricatura de una Ucrania homogénea o dominada por la extrema derecha. Su lucha demuestra que la autodeterminación puede ir de la mano de una agenda social avanzada. Su voz debe estar en el centro de cualquier internacionalismo digno.
4. El sufrimiento no tiene fronteras
También el pueblo ruso paga el precio de la ambición autocrática: censura, represión, luto oculto, militarización de la vida cotidiana. La guerra es una máquina de triturar cuerpos y esperanzas en ambos lados. Nuestra solidaridad es con las personas, no con los gobiernos que las sacrifican.
5. Contra el pacifismo abstracto que ignora a los pueblos
Reivindicamos la paz, pero no un pacifismo cómodo que propone soluciones irreales desde la seguridad de Europa. Rechazamos ese pacifismo que pide a Ucrania que se rinda mientras millones de personas viven bajo bombardeos. La paz no es un mantra vacío: exige escuchar a quienes sufren, no dictarles desde fuera cómo deben sobrevivir. Somos pacifistas, sí, pero un pacifismo que se toma en serio el derecho de los pueblos a defenderse.
6. Contra el rearme disfrazado de seguridad
Denunciamos la deriva militarista que convierte la guerra en un negocio y la seguridad en un pretexto. El rearme europeo no es un proyecto de paz: es una salida neoliberal a la crisis, un mecanismo para enriquecer a las élites a costa de los derechos sociales. No aceptamos que se recorten escuelas y hospitales mientras se multiplican los presupuestos militares. La seguridad real nace de la justicia social, no de los arsenales.
7. Una paz justa, no una paz impuesta
La paz no puede significar legitimar la ocupación ni abrir la puerta a nuevas agresiones. Tampoco puede ser un cheque en blanco para los intereses geopolíticos de Estados Unidos o de la OTAN. Exigimos negociaciones que garanticen la seguridad de Ucrania, el respeto a su soberanía y la protección de la población civil. La paz debe ser un horizonte de justicia, no una capitulación.
8. Contra la hipocresía occidental y la erosión del derecho internacional
El genocidio del pueblo palestino, las intervenciones estadounidenses en América Latina y la impunidad de las potencias han debilitado el sistema de reglas que debería proteger a los pueblos. No aceptamos un mundo regido por la ley del más fuerte. La defensa de Ucrania no puede ser excusa para blanquear otros crímenes ni para justificar dobles raseros.
9. Por un internacionalismo coherente y emancipador
Nuestro lugar está junto a quienes defienden la vida frente a la violencia, la democracia frente al autoritarismo y la justicia frente al saqueo. La solidaridad no es selectiva: une a Ucrania con Palestina, con los pueblos reprimidos de Rusia, con quienes sufren guerras olvidadas en África, Asia y América Latina. La lucha por la paz es la lucha por un mundo donde ningún pueblo sea abandonado.
